martes, 31 de julio de 2007

GLORIA FUERTES




Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.
Mi locura seria deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.
Mi locura sería,
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada,
como volverme loco y repetir tu nombre.
Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
- siempre dice lo mismo- dirían a mi paso, y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.
Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
- los jueces y los santos no van a entender nada-
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.



P.D: Estoy seguro de que para muchos de vosotros habrá sido un descubrimiento este fabuloso poema de Gloria Fuertes.

miércoles, 25 de julio de 2007

UN DON JUAN TENORIO PECULIAR


Hace ya algunos años, en un teatro de Madrid, se llevó a cabo una representación de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, que estuvo plagada de sorpresas.

La obra llevaba ya varias semanas en cartel cuando uno de los actores, que hacía el papel de un alguacil, dejó el teatro para irse a trabajar a otro sitio, de modo que uno de los figurantes fue seleccionado para que hiciera su papel. El texto era corto y muy sencillo: el alguacil: el alguacil entra en escena, casi al comienzo de la obra, y pregunta: “¿Sois vos Don Juan Tenorio?”; Don Juan dice: “Yo soy”, y el alguacil exclama: “Sed preso”.
El figurante recién ascendido estaba muy nervioso el día de su estreno. Antes de salir a escena, no hacía más que repetir una y otra vez: “¿Sois vos Don Juan Tenorio?” “Sed preso” “¿Sois vos Don Juan Tenorio?” “Sed preso”. Y así continuamente. Al fin le llegó el turno. Dando tumbos, salió al escenario y con voz insegura preguntó:

- ¿Sois vos Don Juan Tenorio?
- Yo soy

Y ahí el pobre novato se quedó en blanco. No recordaba qué le tocaba decir y decidió improvisar:

- ¡Documentación!

El público estalló en carcajadas. Don Juan no sabía responder… al fin masculló algunas palabras, algo así como “por Dios os juro que soy Don Juan Tenorio” y viendo que el figurante no decía nada más, lo cogió por un brazo y se lo llevó de escena, gritando “¡está bien, os acompañaré a la prisión!”.

(No se supo nada más del figurante)

Pero ahí no acabaron los avatares de esta terrible función. Llega un momento en la obra en que Don Juan y Don Luís Mejía se baten en duelo. Al fin, el primero saca una pistola y mata al segundo de un tiro. Pero aquella noche aciaga… cuando Don Juan fue a echar mano de la pistola, ¡se dio cuenta de que no la llevaba! ¡se la había dejado en el camerino! ¿Cómo matar entonces a Don Luís? Sin pensarlo ni un segundo, le dio una patada en salva sea la parte, ahí, dónde más duele.

Don Luís le miró con gesto de sorpresa (que no de dolor; la patada fue simulada), y pensando que tal patada no era suficiente para convencer al público de su muerte, exclamó:

- ¡La bota estaba envenenada!

Y se murió.

Nunca un público se había reído tanto con Don Juan Tenorio.

P.D: Espero que os haya gustado. Si todo va bien, todas las semanas os ofreceré alguna anécdota relacionada con el mundo de la literatura, el teatro y/o el arte en general.

martes, 24 de julio de 2007

JAIME ROLDÁN



Hoy quiero presentaros a uno de los genios más grandes e imaginativos del panorama musical español: Jaime Roldán.
Jaime es un talentoso músico (toca varios instrumentos: guitarra, bajo, teclado…) con una capacidad creativa desbordante.
Jaime pertenece a este extraño grupo de individuos de aquellos que tenemos la necesidad de contar historias, de expresarnos y transmitir nuestras emociones, pero Jaime es, además, tenaz, muy tenaz, insultantemente tenaz. Por eso es un compositor de éxito en vías de abrumar al mercado. Tengo el placer y la suerte de trabajar con él y puedo decir que siempre está intentando anticiparse a lo que está por llegar y su clarividencia es tan inspiradora que sería capaz de hacer escribir un soneto genial al mismo Risitas.
Podría contaros infinidad de cosas sobre este genio moderno y apenas estaría rozando la realidad de su arte. Sin embargo, para mí, una cosa lo define por encima de todas, algo que no muchos entenderéis en la plenitud de su infinito concepto. Jaime es sobretodo, MI AMIGO.

P.D: Seguro que podréis leer más cosas sobre él próximamente en éste mi espacio.

http://www.jarolmusic.com/

sábado, 21 de julio de 2007

CRISIS



Atasco en la SE-30,
insultos que atraviesan

ventanas de papel.
Palabras con fusiles
de ojos irritados
y dedos que estrangulan
volantes que parecen
labrados de manteca.

El viento sopla en contra
Y no deja avanzar
Paraguas en “i griega”
en manos de un anciano
tirado por los suelos.

Un grito hierve entrañas
y asciende por la traquea,
pero no encuentra fuga
para ser grito de veras
y apenas queda aire
en mis pulmones menguados.

Inflado el pecho rompe
costillas opresoras
en un intento inútil
de recobrar el aliento.
Y el alma no me cabe,
como ascensor rebosante
de personas obesas.

La vista cenicienta
de cruces florecientes.
Cunetas enlutadas,
cadáveres caninos
ausentes al sentido
viciado de costumbre.
Los músculos se tensan.
disparan los tejidos.

Estallan los airbags
internos del organismo.
Ascienden los niveles
de tóxico y venenos
y el corazón se atraganta
y la garganta clausura.
Se cierran las cortinas.
Se acaba la función.

Y tú sabes muy bien
lo que te estoy contando,
lector inoportuno,
también tu avara muerte
vendrá luciendo el sello
del siglo XXI.

PALABRA VULGAR


Quisiera sacarte de tu esclavitud,
de ese desierto blanco en el que habitas
con toda tu mugre.

Quisiera que entendieras
y dieras a entender tu sucia
prostitución.

Quisiera nombrarte
para que llevaras tu vida
a todos los oídos,
tu nomadismo lingual,
tu asalto, tu ofensa.

Quisiera arrancarte
y decirte naturalmente,
sin miedo, sin armas.

Decirte y que fueras reconocible
en mi verso llano y virgen.

Y entonces olvidar si eres
o no eres bella o lo fuiste,
para explotar tu fuerza,
tu ansia, tu verdad dolorosa.

Y todo clamando entonces:
¡oh, palabra vulgar!