viernes, 14 de diciembre de 2007

Tus Ojos


La oscuridad de la noche,
esa que se produce
cuando tus párpados caen rendidos
por el agotamiento de amar,
trae la angustia de tu ausencia.

A veces, la misma angustia
que nace en las entrañas
recorre el ser indefenso,
acaba encontrando los labios
y emerge el lamento.

Hay lunas que siguen brillando
cada noche, a pesar de las guerras
y la antropofagia xenófoba,
y estrellas que no pueden calmar
la acritud de su llanto.

Y mientras el olvido, de asueto,
ignorante sigue perdido,
de asueto que llega a vacación,
de vacación que suena a holganza,
de holganza que es ya retiro.

Las muertes y la deforestación,
el fanatismo religioso, la historia,
y uno solo de tus besos en mi sien.
El huracán que arrasa la civilización
y yo desnudo ante él oyendo tu voz.

He oído hablar de la hambruna
y el raquitismo desmesurado,
he encontrado cristalizadas
lágrimas de vejez
y estaba muriendo en un verso
que no te acababa de herir.

Mañana el sol no alumbrará un día entero,
ni se esconderá del todo.
Mañana habrá droga en las palabras,
bendición en las mentiras
y tu canción será ensordecedora.

A veces el árbol cae por propia voluntad,
a veces no importa
y otras provoca algún gesto.
Puede que me sorprenda
y asuste su estruendo,
puede que no se oiga en mi cielo
porque tendré un encierro,
en tus ojos, eterno.

lunes, 10 de diciembre de 2007

MARK TWAIN


Mark Twain, el escritor estadounidense nacido en 1835 y autor de obras tan señaladas como Tom Sawyer y Huckleberry Finn, era un hombre extraordinariamente despistado. En una ocasión se encontraba viajando en tren cuando el revisor se acercó a él y le pidió el billete. Twain se miró en los bolsillos, en la cartera, dentro del libro que estaba leyendo… por todas partes, y nada; el billete no aparecía. Entretanto el revisor, que le había reconocido, le dijo:
- Ya sé quién es usted, el autor de Tom Sawyer… No se moleste en buscar el billete, estoy convencido de que lo habrá extraviado.
- No, si no es por usted por quien lo busco… es que necesito encontrarlo para saber dónde me bajo, porque no recuerdo dónde voy.

Es lo que tienen los genios.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Besos de Girasol

Imagina por un momento
nuestros besos solariegos
como pipas de girasol.

Rescata el recuerdo entonces
de mis labios pretensiosos
en el portal de tu casa.

Tu continuo penduleo
de tortícolis en cierne
con media sonrisa cruel.

Imagínate, si puedes,
las cáscaras de los ósculos
lanzándose al vacío
y yo tragando su fruto
ensalinado y menudo.

Mis pies semienterrados
en las cortezas curtidas
mientras un millón de hormigas
se desalienta en su afán.

El viento del tiempo llega
y arrastra las túnicas grises
de lo que fueron un día
lágrimas de la boca.

El barrendero se acerca
refunfuñando entre dientes:
¡qué poca vergüenza tienen!
y se las lleva también.

Pasó el tiempo. Demasiado,
mientras yo caigo en la cuenta
de que en la semillería
las pipas siempre estuvieron
en aquella estantería
de los frutos secos.