lunes, 22 de diciembre de 2008

Obsesión, mala amiga.

Llevaba bastante tiempo sin sentarse a escribir. Había estado leyendo novelas de misterio y tenía aparcada la poesía. Pensó en el dichoso tópico de todos los escritores que dicen que la poesía es como el Guadiana, que aparece y se desvanece intermitentemente sin que uno pueda hacer nada por evitarlo. Fue una época dura para su creatividad. Un momento que presintió breve, pero que acabó extendiéndose en el tiempo como una lengua de lava que se arrastra desde la cima de un volcán, parsimoniosa y apocalíptica.
El verdadero peligro de esta dolencia no tardó en manifestarse: la obsesión. Se encontró casi sin darse cuenta sumido en una espiral de agobios que le atosigaban como un enjambre de acreedores violentos. Como esos zombies de las películas americanas que caminan a la velocidad de una oruga y a pesar de todo acaban por alcanzar a la protagonista y devorar su cuerpo. No podía pensar en otra cosa que no fuera escribir un maldito poema, más o menos decente, más o menos honesto.
Cada mañana salía en su busca.
Leía el periódico gratuito que regalaban en el semáforo de la estación de autobuses buscando una noticia que le inspirase. Flirteaba con la señora de la cafetería delante de su roñoso marido provocando una situación nerviosa y pensando en el verso de pié. Miraba al cielo buscando un azul diferente. Observaba todo lo que se movía ante sí esperando que en sus ojos se dibujase un estribillo único. Pero nada. Volvía a casa y ponía a arder el Cd de Bach, pero era inútil. Bach no parecía ya Bach y acabó siendo SuperBach, volando por la ventana. Todo lo que acudía a sus manos no era más que rima banal y letras de niño. Tiró de Cesare Pavese, de Carlos Edmundo de Ory, estaba tan desesperado que se acordó de Bukowski. Pero era imposible. La poesía había desaparecido.
Se pasó varios días tirado en la cama. Sin hacer nada, casi sin probar bocado. Hasta que se acordó que llegaba el cumpleaños de Lola, su sobrina. Salió a comprar algo. Llegó al centro comercial y lo encontró rebosante de masa. Odiaba la masa pero no podía más que aguantar el tipo. Se acercó a la escalera mecánica. Intentó disimular su temor a que aquella serpiente robotizada le devorara un pié y con los ojos cerrados y rezando a un Dios en el que no creía, se subió en un peldaño emergente. Se agarró al pasamanos y al mirar arriba vio a aquella chica con la que siempre coincidía en el autobús. Cada vez solían hacerse un gesto con la cabeza, como un saludo, pero acompañado de una sonrisa malintencionada. Nunca se hablaban. Venía en la escalera de descenso, justo a su izquierda.
Estaba bellísima, como siempre. Su pelo castaño oscuro, lacio, cogido con una leve cola en la nuca, semicaída, como hecha sin querer, con un travieso mechón de flequillo sobre un lado de la frente. Volvió a recogérselo graciosamente, juntando las yemas de los dedos como los italianos suplicantes, dejándolo apoyado en su pequeña orejilla. Sus labios teñidos de carmín rojo, ni claro ni oscuro, vivo. Sonrisa nevada y clemente. Destacando en su piel morena natural. Sus ojos tiernos, de un verde aceitunado, de pestañeo lánguido, hipnotizante. Su cuerpo elegante, fino pero sinuoso. Allí estaba, coincidente, como no podía ser de otra forma.
Suso la miró una vez solamente. Y siguió pensando en el regalo de su sobrina mientras ascendía a la tienda como al cielo del consumo. ¿Qué sería? ¿un libro? ¿un juego? ¿ropita? Y ocurrió entonces.
Al pasar ambos por el mismo punto. Al converger sus cuerpos a la misma altura (algo lógico cuando uno sube y otro baja en dos líneas paralelas), ocurrió. Llegó la poesía. Sus manos se rozaron y Suso explotó por dentro. Los ojos se abrieron como si los párpados se hubieran despegado de la cara y sus órganos internos eran ahora la batería de un grupo heavy en pleno concierto. Se dio la vuelta. Ella no lo hizo hasta que llegó abajo. Lo miró, repitió la sonrisa contraseña y se esfumó como un hada en mitad del bosque. Él siguió ascendiendo de espaldas y al llegar arriba la serpiente le mordió un talón y cayó al suelo. Tirado como una tortuga boca arriba ante tanta gente, se sintió ridículo, felizmente ridículo. Se echó a reír. Había un poema verdadero bailando en su cabeza.

martes, 9 de diciembre de 2008

AUNQUE SEAS O NO SEAS


Aunque no seas más que osamenta
mal pintada y deslucida.
Aunque no seas más que pantalla
de verdes lúcidos e inertes.
Aunque nades lejos del mar
y el mar no sea nada a tu lado.
Aunque me saludes con tu mano,
recién horneada y entera,
de pequeñez inocente
y ternura exagerada.
Aunque estés lejos de la historia
que llevarás algún día.
Aunque no seas más que una nube
en un diagrama nublado.
Aunque seas o no seas
aquello que estoy pensando,
ya estoy sufriendo por ti,
sufriendo y llorando.
Aunque te lleve en volandas
y se esfuerce y te cuide,
y en las noches, en silencio,
te sienta dentro, muy dentro.
Yo también estoy contigo,
desde ahora y para siempre,
contigo y con tu madre,
para siempre.

lunes, 24 de noviembre de 2008

CRISIS


A petición de una lectora, recupero este poema.

Atasco en la SE-30,
insultos que atraviesan
ventanas de papel.
Palabras con fusiles
de ojos irritados
y dedos que estrangulan
volantes que parecen
labrados de manteca.

El viento sopla en contra
Y no deja avanzar
Paraguas en “i griega”
en manos de un anciano
tirado por los suelos.

Un grito hierve entrañas
y asciende por la traquea,
pero no encuentra fuga
para ser grito de veras
y apenas queda aire
en mis pulmones menguados.

Inflado el pecho rompe
costillas opresoras
en un intento inútil
de recobrar el aliento.
Y el alma no me cabe,
como ascensor rebosante
de personas obesas.

La vista cenicienta
de cruces florecientes.
Cunetas enlutadas,
cadáveres caninos
ausentes al sentido
viciado de costumbre.
Los músculos se tensan.
disparan los tejidos.

Estallan los airbags
internos del organismo.
Ascienden los niveles
de tóxico y venenos
y el corazón se atraganta
y la garganta clausura.
Se cierran las cortinas.
Se acaba la función.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

JAIME ROLDÁN (cap.II )


Hoy quiero volver a hablaros de Jaime Roldán. Él es un compositor, músico, productor y creativo impresionante. En estos momentos se encuentra embarcado en un proyecto de esos que a cualquier otro autor pone los vellos de punta. Jaime ha vivido una experiencia muy dura con la enfermedad de su madre. Una experiencia que le ha llevado a replantearse muchas cosas: su forma de vivir, su fe, su mirada al prójimo, lo leve, lo cardinal, lo vivo… Muchas de esas cosas que a alguno pueden parecer evidentes y a otros no tanto, pero que hay que sentir en la propia piel para entender la magnitud de su valor real.
Y ahí está, como decía, exhortado a realizar una obra de ingente emoción, de certeza amplia, de calle y sangre, de mundo. Una obra totalmente autofinanciada en medio de una crisis que ahora asola a medio mundo y asusta al mundo entero. Una crisis que es el estado permanente en el que vivimos los autores desde que apareció Internet y su mal uso y todo ese fenómeno al que han denominado piratería. Y en medio de este maravilloso paraíso financiero de suntuoso futuro… va él. Armado con 10 soberbias canciones llenas de verdad, de emoción, de miedo y esperanza, puestas en boca de artistas jóvenes y desconocidos la mayoría (Baltanás, Maika, Manuel Delgado, Markus, Olga Rossano y Brent) y otros no tanto (Antonio Martínez Ares, Alejandro Vega, La Brujha, Nayla y Fernando Arduán) pero todos ellos colosales en su talento. Así como innumerables músicos de infinito valor y prestigio que sería insufrible nombrar. Gente que transmite una sensibilidad sobrecogedora y que se han tirado de cabeza en este proyecto tan auténtico. Y todo porque Jaime Roldán cree en lo que hace, siempre ha creído porque sabe que la música está viva y que es de obligada responsabilidad para los músicos, autores y artistas hacer obras de verdad. De lo emocional a lo cerebral (como él dice). Y porque estamos empachados de tanta Fast-food.

Yo estoy siguiendo el proceso de gestación desde muy cerca, como podrán imaginar, y no pueden ni soñar con algo tan bonito, con un disco de tanta calidad y emoción como éste. Para muestra un botón: el disco se llamará U.C.I. (Unidad de Canciones Intensivas)

Por eso, por la honestidad y el genio con que estás fraguando tu obra, Jaime, gracias. Gracias por la lección que estás dando a todos los que de una u otra forma estamos en esta extraña y salvaje industria de la música, aunque no sea tu intención. Y para que la lección sea completa (como ocurrió con tu madre) espero y deseo con todo el amor que me cabe en el alma que todo salga bien, que el público sepa apreciar lo que estás haciendo y disfrute de tu disco la mitad, al menos, de lo que mereces, para que este proyecto solo sea el primero de muchísimos de este calibre.

Un abrazo, amigo.

P.D: Si alguien ha pensado que este post no tiene nada que ver con mi poesía quiero que sepa que nunca en su vida estuvo más equivocado.

domingo, 19 de octubre de 2008

EL BANCO DE LA PARROQUIA

En el barrio ha ocurrido algo extraño. De pronto, en un núcleo urbano en el que nunca pasa nada ha empezado a correr un rumor con tintes delictivos. Al parecer, algún vándalo esculpió a golpe de navaja unos versos de amor en un banco de la parroquia. La noticia llegó a mis oídos cuando esperaba turno en la frutería de Mateo, que se ubica casi a pie de mi bloque. Allí dialogaban, indignadas, tres señoras ni tan jóvenes ni tan mayores, bien parecidas y arregladas para salir a la calle… ¡qué poca vergüenza! ¡ya no se respeta ni la casa de Dios! ¡¿dónde vamos a llegar?! Espetaban.

- ¿Lo han leído ustedes, señoras? - Pregunté.
- No, pero no nos hace falta.- Me contestaron.

Fui y leí los versos esperando una cuarteta de colegio o un pareado adolescente. Pero nada de eso, me hallé con un soneto espléndido, sincero y bello. Una declaración de amor de vellos de punta y piel de gallina. De alejandrinos para más señas, perfectamente divididos en hemistiquios heptasílabos; rima asonante y versos polirrítmicos. Una obra sublime digna de un banco en la Catedral de Sevilla, no en la parroquia de mi barrio. Así que yo, también me fui indignado.
Sospeché de su autor rápidamente y me fui a buscarlo. No podía ser otro más que Suso Guevara. Me abrió la puerta con aires entre somnolientos y de media papa.

- ¡La que has liado, amigo! Le dije de entrada.
- No sé de qué me hablas. Me contestó con la voz apagada. Anda, pasa.
- Del soneto del banco de la parroquia, Suso. Y me sorprendí por el tono de riña que me salió.
- Ah, de eso.
- Pues como se entere Don Fermín… te excomulga.
Le comenté.
- ¿Pero no lo estaba ya? Dijo con decepción.

Nos sentamos. Hablamos del soneto. Bueno, en realidad yo hablaba y él asentía con la cabeza porque no le gusta hablar de sus poemas. Siempre dice: “Lo que no puedan decir ellos de sí mismos mal voy yo a explicar”. Recordé que Suso defiende que la poesía debería estar en todas partes: en las cabinas de teléfono, en las paredes de todos los edificios, en el interior de los autobuses… Él se encargó durante una época de que esto fuera así, hasta que pasó cuarenta y ocho horas metido en un calabozo por esa causa. Recuerdo que declaró que lo hacía porque se lo debía a la poesía. Pero de esto hacía ya muchos años y no me cuadraba muy bien que volviera a hacerlo de nuevo, pues su época de rebelde activista estaba ya bastante aletargada. Así que, le pregunté por qué lo había hecho.
Se llevó a los labios su whisky, lo detuvo a escasos milímetros de ellos y sin dejar de mirar el fondo de la copa, me dijo:

- Porque allí se sienta a escuchar misa ella todos los domingos.

Se hizo el silencio. Silencio que durante dos horas habitó con nosotros. Me levanté y salí por la puerta. Conocía el camino.

martes, 7 de octubre de 2008

¿AHORA?


Ahora que la crueldad de la tristeza
permanece por encima de la alegría.
Ahora que parece que esté la muerte
al galope, a lomos de la vida.

Ahora que tu colosal desamor
dinamitó mi débil esperanza.
Ahora que mi mendigo corazón
yace desangrándose en tu cama.

Ahora que al completo, todo mi yo
palideció enfermo de amargura,
e incluso hasta la propia razón
enloqueció como loca en tu locura.

¿Ahora vienes pidiéndome pasión?,
¿ahora quieres que mi alma te dé abrigo?
Ven, acércate,...
abrázame y muérete de frío.

viernes, 19 de septiembre de 2008

JOSÉ ZORRILLA

José Zorrilla, autor de Don Juan Tenorio, se instaló durante un breve lapso de tiempo en un pueblecito a las afueras de Madrid para terminar de escribir una función que traía entre manos. El caso es que paseaba a menudo por los campos de aquella localidad sin tratar con nadie. Así que empezó a despertar suspicacias entre los vecinos del municipio, que ya lo consideraban prácticamente un ermitaño.
Una mañana, el cartero se dirigió a casa de Zorrilla para entregar el correo, y como encontrara una de las cartas abierta, la leyó. La misiva comenzaba así: "Querido José: soy de la opinión de que no debes envenenar al alcalde, bastará con un narcótico".
Muy asustado, el funcionario corrió a avisar a las autoridades. Los alguaciles no tardaron en presentarse en el domicilio del dramaturgo y el pueblo se aglutinaba en la puerta dispuesto a linchar al presunto conspirador.
A Don José Zorrilla le costó mucho convencer a aquella gente de que el alcalde del cual hablaba la carta no era el regidor del pueblo…, sino uno de los personajes de la obra de teatro que estaba terminando, llamada El alcalde Ronquillo.
Zorrilla había pedido consejo a un amigo médico sobre el desenlace de la obra. Y a esta razón respondía la misiva.

jueves, 11 de septiembre de 2008

AQUEL DÍA


Y se murieron los ladrillos y las piedras.
Los cristales más opacos
perdieron así la vida.
Trozos de hierro desangrados
por los cielos inertes,
y suelos yermos
y enterrados.
Plásticos que no respiraron nunca
no lo hicieron aquel día,
y una nube de polvo
corrió por todas partes
como un rumor pretensioso
con gritos inanimados
y llamadas de despedida.
Todo lo que nunca estuvo vivo…
se murió todo aquel día.

jueves, 28 de agosto de 2008

EL POETA

Tal vez alguno no entienda que de vez en cuando los poetas nos cortemos las venas con una pluma de ganso para ver como se vierte la tinta interior y oscura esperando preciar el balanceo y posterior abandono de esa última gota que se lleva el suspiro. Perfectamente pulida y torneada, péndula y dubitativa. Bella. Tal vez alguno piense que no se puede supeditar la vida a la letra, pero eso no es así en un poeta. El poeta se asoma siempre al abismo. Allí se encuentra el cementerio de las palabras asesinadas. Aquellas que un día dolieron tanto que fueron censuradas, malditas y eliminadas sin ningún miramiento. Allí sólo el poeta es capaz de estirar las manos y alcanzar los escombros de lo que un día fue verso, de lo que un día fue una verdad punzante, un efímero escaño en la realidad introspectiva de la existencia humana. Y el poeta que agarra los cadáveres de aquellas palabras es capaz de tragar su veneno y abandonarlo todo. Capaz de caminar eternamente por su nunca-hogar y planear el derrumbe de su cuerpo desde el último piso de la reedición de “Azul” sobre el estatuario papel, deletéreo y voraz.
Así vive Suso Guevara, siempre deslizándose por las aristas del tiempo. En un mundo propio y obsceno que sólo él entiende. Sin hacer daño más que a sí mismo y con una sonrisa en el bolsillo que se autodestruye a los cinco segundos como aquellas notas que el jefe Quimby entregaba a Gadget antes de cada caso. Marginado hasta por los muebles (que a menudo destruye) y querido por las piedras y las nubes, los árboles y la humedad, los pájaros. Una sombra fugaz en los ojos de la sociedad, pero vivo.
Acusado de huraño aquel que ve en las personas más allá del rostro y el traje de piel. Tildado de indigente quién menos necesidades materiales tiene. Rechazado el que es capaz de sentir con la empatía de un espejo de emociones. Chivato del corazón, chismoso de las heridas, despojo de los amores perdidos, repatriado de todas las guerras del mundo, eco de las injusticias, fantasma de todos los censos electorales y antes de todo ello, por todo ello y con todo ello… POETA. Así es Suso Guevara, un hombre que decidió un día vivir en la poesía.
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Más sobre él en www.literaturate.com (columna "Poeta a la deriva")

lunes, 25 de agosto de 2008

Efímeros anónimos


No bebas o perderás tu trabajo,
tu dinero y tu casa.
Perderás todo aquello que creíste importante
y por lo que tanto luchaste.
Dudó, pero bebió y lo perdió todo.

No sigas, no sigas bebiendo
o perderás a tu esposa,
tu familia se irá
y también tus amigos.
Luchó, pero bebió y se quedó solo,
abandonado y diminuto.

No lo hagas, no vuelvas
a beber ni una sola copa
o perderás la dignidad,
lo único que puede salvarte.
Lloró, pero bebió igualmente
entre imparables temblores
y se perdió a sí mismo
y nunca más supo quien era.

Ya no te queda nada.
No bebas o morirás.
Bebió, ya no quedaban
motivos para no hacerlo.

miércoles, 13 de agosto de 2008

LAS MISERIAS DEL LENGUAJE

Ayer me llamó Suso Guevara. Era de mañana, pero algo tarde, no me apetecía nada saludar al mundo, al mundo de fuera. Era uno de esos días en los que lo único que deseas es aniquilar el tiempo tirado en el sofá, leyendo y dándole vueltas a mi esquizofrénica calabaza. Pero lo cierto es que su insistente invitación a una barbacoa unida a mis inexistentes ganas de hacerme de comer me animó a vestirme y acudir.
Cuando salí por la puerta del bloque olía a romero. Estuvo lloviendo toda la noche y la humedad aún yacía en el aire. Llegué a su casa y pronto intuí que yo era el único invitado. Abrió la puerta y pregunté:
- Estamos solos ¿verdad?
- ¿Cómo vamos a estar juntos y solos a la vez?, dijo con su ironía habitual.
Es cierto, es una de esas quimeras socráticas que tiene el lenguaje. Y empezamos a divagar sobre el mismo.
Aquella noche Suso no había dormido nada. Intentaba inventar un término que significara más que “solo” y no lo conseguía. Decía: “Estoy solo” y no sentía el peso yunquero de las palabras sobre su verdadera y desértica soledad. Recordé entonces aquella cita de Miguel de Unamuno: “La lengua no es la envoltura del pensamiento sino el pensamiento mismo”. Suso se enojó.
El único lenguaje que está cerca del pensamiento profundo y menos lejos del sentimiento real es el lenguaje poético. El poeta pelea a diario por encontrarse con un verso que duela por su realidad, por lo tangible del mismo. Si llega, entonces nos sentimos así como Santo Tomás acercando su mano a las heridas de Cristo. Rozando los dedos por lo abrupto de la piel y sintiendo que el mar se arrima a los ojos entre pestañas de arena. Suso empieza a reclamar a los difuntos del castellano, el alemán, el inglés… Habla de la profesión lasciva de la madre de todas las palabras. Empieza a enrojecer; su cuello se convierte en un nido de serpientes trepadoras; los ojos se le escapan; lanza la paleta de la barbacoa contra el suelo y la pisa repetidas veces hasta que se cansa (por suerte no está en muy buena forma). Entonces, entre jadeos bronquiales desacelerados, se calma. Entra de nuevo en la casa y vuelve con un aparato de radio. Lo enciende. Sintoniza hasta que encuentra música clásica. Suena el preludio de la Suite nº 1 G mayor BWV 1007 para chelo, de Bach. Se sienta.
Pasados unos segundos cierra los ojos y una lágrima se le escapa.
Huele a quemado, pero no importa.
Al final, no me libré de cocinar y encima tuve que hacerlo para dos.

sábado, 2 de agosto de 2008

ERAS TÚ




En aquel espacio inerte
de cenizas de redentor
lejos del frescor y el verde…
…una flor.

En aquella arcada baldía
sobre desértica estola
yerma sima, piedra fría…
…una ola.

En la solemne penumbra
entre la santa quietud
por la lóbrega ultratumba…
…una luz.

Una flor,
una ola,
una luz…

…una vida
de amor
a ventola …
eras tú.

.

.

.
Cuando la vi entrar en la iglesia, mientras la aguardaba en el altar, no pude contener el llanto.

domingo, 20 de julio de 2008

MÁS ALLÁ DE LA U.C.I.

Entre tubos de suero y jeringas, cables y órganos artificiales, se encuentra. Bajo llave están las debilidades de nuestro cuerpo humano, sus miserias, sus ridículas presunciones humilladas por enemigos microscópicos. Más allá de la U.C.I. ya no hay nada. Allí la esperanza llega como llega el enfermo, moribundo. Y de allí sale más fuerte, creyente y con la promesa de cuidarse más en el futuro o sencillamente muere, también como el enfermo. Siempre he creído que por el purgatorio pasean seres con batas blancas y tarjetas de identificación colgadas del bolsillo en medio de ánimas que piden analgésicos para dolores que en realidad ya no pueden sentir. Una U.C.I. es algo así. Finalmente te das cuenta de que el peor enfermo, el más doliente y más conciente del beso que más tarde o más temprano todos recibimos se encuentra fuera de la camilla, sentado entre lamentos peregrinos y efímeros rostros, nuevos para los ojos, viejos para la vida, en un infierno llamado: sala de espera. Sin embargo el tiempo azota la verdad de nuestro prehistórico instinto animal que avanza siempre devorando los poderes de la supervivencia hasta que el beso nos llega a nosotros que entre pliegues y costuras nos prende, a pesar de que miremos a otro lado, con los labios de la inconciencia siempre bien pintados.

viernes, 11 de julio de 2008

MARISCAL


Por tus angostos caminos,
sobre una vela de paz,
mis sueños dulces de niño
soñaban con navegar.

Tus olas verdes de olivo,
tus barcos blancos de cal,
tu luna, faro escondido,
tu tierra libre, la mar.

Pupilas de oro encendido
me traen tu triste mirar.
Tu brisa, aroma de vino,
tu siervo y tu majestad.

Viento zaíno que instiga
la vela de mi futuro
lejos de tus orillas
¡qué duro, amigo, qué duro!


Ahora que he pasado unos días lejos de mi tierra, aún cobra más sentido este poema.

miércoles, 28 de mayo de 2008

EL MITO DE XANDRA

Tú no lo sabes,
ni creo que vayas a saberlo nunca,
pero pudiste ser mía.
Pudiste tener mis ojos infaustos,
mi pelo rebelde,
mi labio chiquito,
mi arrullo leve.
Pudiste ser mi desvelo infinito
pero no lo eres.
Pudiste, quiero pensar,
herirme con tus tímidos proyectos
de lenguaje perfecto
pero él es el designio.
Pudiste llorar con desesperanza
para romper mi incuria
pero tu llanto no me alcanza,
sordo y extemporáneo.
Pudiste ser yo
en tu génesis cárdeno.
Pudiste, de alguna forma,
ser un motivo cruel
para lo que no fue nunca
ni debió ser.
Pudiste dolerme también a mí.
Pudiste robarme
lo que ella no pudo robarme
y no fue así.
Pudiste.
Pudiste ser mía, como digo,
pero serías entonces otra,
otra vida, otro nombre
otro aire en tu boca
otra sangre que corre...
y otra mentira
infame y triste
en nuestra cínica historia
que no existe.

miércoles, 21 de mayo de 2008


Quisiera volver a correr
por los campos de mi infancia
sin tropezar con los muebles
de tu casa importuna

Estos pies desmemoriados
ya no saben enterrarse
llagados por el asfalto
de vicio alquitranado.

Quisiera recoger flores
para llevar a mi madre
y aparezco magullado
con un ramo de ladrillos.

Robando ciruelas me dejo
mi irregular dentadura
mordiendo macetas colgadas
de ventanas inminentes.

El mundo se me hace viejo,
su cabeza cenicienta.
Su paso lento a la muerte
solemnemente lo delata.

lunes, 5 de mayo de 2008

TÚ ERES ALEGRE...

Permítanme que dedique este poema a mi Madre.
Loli De Los Reyes, 'La Gitana Blanca'

Tú eres alegre como El Puente de Triana,
como la yerba verde del camino
que me lleva hasta tu casa,

como la hoja suelta del otoño libre,
que en las manos del viento
vuela, invencible.

Tú tienes el agua del sur en la mirada,
fresca, clara, irrepetible
como un segundo que pasa.

Como el aire jaranero de azahares vivos,
una fiesta son tus ojos,
una enmienda, un acertijo.

Y tu pelo es negro como cuerdas del flamenco
de gitanas bulerías de siempre
viciadas por los dedos del tiempo.

Juegas con las caderas al tres por cuatro,
repiquetean las aceras
a tu paso.

Voz de algodón de abriles
y luces de farolillos,
muchos guadalquivires
para lavar tu “vestío”.

Pero también eres triste como septiembre,
como un domingo de lluvia
en la calle Sierpes.

Como un lunes, como un rosario gastado
por las cuitas indelebles
de los ancianos.

Y tu pelo también es negro como el sol en silencio,
como el luto irremediable
de todos los cabellos.

También es llanto tu aire de azahares secos,
de anunciados apagones y finales,
de embarrados flecos.

Tu mirada también es triste cuando está ausente,
cuando eres intocable como el agua
que hierve.

Cuando te miro impotente y no puedo decirte
el miedo que tengo,
eres infinitamente triste.

Pero entonces vuelves una Feria de mañana…
... y vuelves a ser alegre
como El Puente de Triana.

sábado, 26 de abril de 2008

CICATRICES


Una madre disfruta observando
como su hija, de apenas 6 años,
está dibujando.

-¿Qué pintas?

- El barrio

Cianes, azules y nubes blancas;
rey amarillo y árboles verdes;
de todos los colores las casas;
caminos de ocres y naranjas.

-¡Qué bonito te ha quedado!

-Espera, no he terminado…

Agarra la hoja manchada
Hace con ella una bola,
deshace la esfera arañada.

-Ahora.

Bagdag,
cualquier día de Mayo de 2003.

martes, 15 de abril de 2008

ESAS TIERRAS MÍAS


Esas tierras mías, esas que tanto me esconden, no tienen árboles, ni charcos, ni nada. Esas tierras mías son cálidas y luminosas y no tienen camino que lleve a alguna parte. No tienen ríos que arrastren olvidos ni allí sopla el viento ni existe tu aroma. No llueve nunca, no anochece, son tierras infinitas y están lejos de toda tierra conocida. No hay vida en ellas, no existe la burla pero tampoco el lamento, no hay nubes ni historia, no hay huellas ni pavura. Cuando camino por ellas nunca tropiezo, son dúctiles y serenas, y todo obstáculo se desmorona con solo darle la espalda. No hay colores en mis tierras y así sé de qué color es todo. No hay engaños ni ojos, así que todo es verdad.
Sé que en tu mundo hay campos de cremas que tienen su primavera, su cielo azul de verano, sé que hay pájaros que cantan y lluvia que no envenena. Sé que en tus tierras verdes, rojas y amarillas se siembran sueños para el estío, hay grillos que afinan de noche y florestas que alivian la sombra. Sé que aquellos frutos no expiran, que tienen todos los sabores y fluyen como el agua cuando baja por el monte. Sé que hay piedras de la suerte y animales que dialogan, y viento que sopla tan grácil que incluso manda a callar. Lo sé porque llegó a mis oídos el llanto de un hombre que dijo ser desterrado.
Puede que en mis tierras no se muevan los colores y el regocijo brille por su ausencia, pero sé que no hay exilio ni guerras, ni insultos ni treguas, ni pasmo ni magia. No, allí no hace falta. Allí solo se oye mi voz y todo se mueve despacio. Todo excepto yo, Porque yo, estando en mis tierras, siempre he viajado veloz buscándote en ellas.

domingo, 6 de abril de 2008

POR LO RECIENTE DE TI

( Permítanme recuperar esta entrada de Septiembre 2007)

Apenas sostenido por lo reciente de ti,
sumido en la distancia imperturbable de tu adiós,
me asomo y casi pierdo el equilibrio
de todo lo que es ya renuncia y lejanía

Tal vez hemos quemado demasiado las hojas
en las que un día escribimos las promesas.
Tal vez era verdad lo de las tardes tan rojas
que ardían y teñían el cielo de negro.

Quisiera dar un paso de menos hacia el día
en que te diste cuenta y callaste,
en el que ojeaste y se te empañó la vida
y entonces resignarme y sin duda abandonarte

Dejarte sola allí mismo para siempre,
después de nada y antes de todo lo nuestro,
sola para siempre sin mi nombre y sin mi olvido
y yo queriendo entonces encontrarte de nuevo.

miércoles, 26 de marzo de 2008

ALLÍ, A LO LEJOS


Allí, a lo lejos, puedo ver como el horizonte se traga un ciempiés con luciérnagas en las patas, huérfanas de paciencia. Sé que ese mundo veloz no tiene nada que ver conmigo. Horas de viento ausente acechan mi ventana y el calor andaluz de meses estivales humedece mi frente. Puedo arrancar la batería del reloj pero no puedo parar el tiempo y tengo que acabar esta prosa poética breve antes de que amanezca.

Allí, a lo lejos, puedo ver la lección de nuestra madre en un plácido vagabundeo de algodones celestiales. En las azules praderas todo es leve y sosegado. La velocidad del sonido que arrulla la primavera no cantará nunca al son del rock duro por perecido de un inerte Mig-29, ni la luz de Selene es realmente un objetivo. Caigo, entonces, en la cuenta de que aquí todo es al revés porque andamos boca abajo.

Allí, a lo lejos, puedo ver un niño tirado en la arena con unas manos de hierba y unos ojos vírgenes. Con miedo a pestañear, mantengo la vigilancia porque no ando muy seguro ante el asedio de Morfeo. Se distrae con una mosca entre risas contagiosas. Las moscas de su padre son las cifras alarmantes, de la cartera primero, de la muñeca después. Pero ya nadie se acuerda de como tirarse al suelo, invisible a las palabras.

Allí, a lo lejos, puedo ver al rey de todos nosotros. Sin más señales ceñudas que la luz y la sombra, que el frío y el calor, que la verdad y… la verdad, nuevamente. Allí se encuentra, puedo verlo a través de las cavidades de sus ropas desunidas. Su pelo simplificado. Su rostro de etnólogo libre. Diógenes, rey de todos, dormido entre los cartones mientras mis pies se me escapan llegando tarde al trabajo.

sábado, 15 de marzo de 2008

El Parque Victoria Kent


Ayer bajé a la calle
en busca del arca perdida.
Paseé sin leer las señales
de ningún lenguaje establecido.

Sonreía sin saber muy bien por qué.
Supongo que el inconsciente
me alcanza para entender
los muchos privilegios
que se me han dado por nada.

Llegué al parque Victoria Kent
Me senté en un banco aquejado de reuma.
Crujían los minúsculos granos de albero
bajo la suela de mis zapatos.
Y los vi.

Paseaban cogidos de la mano,
con la bisoñez de lo recién brotado.
El Sol, en su despacho infinito, laboraba.
Y ellos miraban la sombra del árbol
como si nunca fuera a escaparse,
como si los principios astronómicos
fueran a tomarse la excepción eterna
de que el manto oscuro yaciera
siempre para ellos;
los mismos metros cuadrados,
la misma forma de mapa
del mismo país siempre.
Imputaba dolores de conciencia observarlos
más necio que admirado.
Pero entonces llegó el asueto luminoso.
Se nublaron las paredes y tejados del universo.
Empezó a llover.
Él la soltó de la mano y salió corriendo.
Ella buscó refugio y desde lejos lo llamaba.
El agarró el móvil,
y en apenas veinte segundos
le sonó a ella
y sus ojos no eran sus ojos.
Y millones de diamantes suicidados
marcaban la distancia.
Y la sombra no era sombra,
el mapa no existía
y el país estaba en guerra.
Y yo en el banco sin sonrisa
calado hasta los huesos.

sábado, 1 de marzo de 2008

Gota de Lluvia



A Loli Pérez

Se clavaron las preguntas infinitas
en la gota rediviva de la uva,
suspendida del ribete de la hoja
reflejando los colores de la luna.

La posada del insecto la estremece,
la suspende la mirada del poeta,
la sacude la mitad de un roce leve,
la defiende la virtud anacoreta.

Si pudieras planear como la pluma,
si pudieras sostenerte eternamente,
si pudieras remontarte por el verde
deshaciendo los segundos que se esfuman.

¡Aférrate, por Dios, a lo que encuentres!
que yo te doy las fuerzas de momento,
que tienes que ser lluvia por Septiembre
y está mi amigo ahora muy sediento.

lunes, 25 de febrero de 2008

A VECES, CUANDO FALTAS...


A veces cuando faltas se me olvida que me quieres
Y tu foto ya está lejos y no la alcanza la vista
y el tiempo ya no sabe si nos dice la verdad
o acaso está pintando un ocaso impresionista.

Te veo posada en mi hombro, sembrada en un sueño.
Estás radiante, iluminas, pero ciegas a la vez.
Todo lo que allí habita se muere de envidia por mí,
y yo sin tenerte si quiera y tú ni siquiera me ves.

Yo soy escultura de mármol en mitad de tu plaza
que sólo tiene ojos y boca y así no te puede atrapar.
Sólo puedo pedirte que no te vayas (con mi boca)
y después (con mis ojos de piedra) verte marchar.

A veces cuando faltas se me olvida que me quieres.
Y mis penas ya no marcan la cadencia de tus pasos,
y la huella, asidero de su hermana cicatriz,
es arruga en mi edredón y se estira con las manos.

Te siento lejos, distante, quizás en el anverso
de una cara que no es mía ni es tuya ni de nadie,
y el viento pasa y te recita la nostalgia de mis versos
y tu verdad es tan fuerte que no lo sabe escuchar
y yo sin verlo.

A veces cuando faltas y me olvido que me quieres
me hablas con un beso, me tocas con tu palabra,
me miras, sólo me miras y vuelvo a entender entonces
que no me hacen falta motivos para quererte siempre.

martes, 12 de febrero de 2008

EN EL RÍO DE TUS MANOS


Sé que en tu nacimiento
crece y engruesa mi pena,
pero sigo nadando río arriba,
lanzando los brazos exhaustos
que en su elipse arrastran la vida,
tocan el fondo y arañan la arena.

¿Lo oyes? Son cantos de sirena.
Llevo dos meses nadando
y el mar aún está cerca.
Me está llamando.

Sigo bregando contracorriente.
¿Hasta cuándo?
¿cuándo llegarán las lluvias
que te vayan desbordando
y me arranquen estas ganas
de recorrerte nadando?

Saco el diestro y lo vuelvo a sumergir
en el siniestro horror de tus adentros.
Ahora llega el izquierdo,
toca el asiento y grita:
¡Tierra! ¡Tierra que está latiendo!
Y tu suelo que tanto me quema
parece que ya no es infierno.

¡Eh tú! Allá en tu monte,
allá en el nacimiento de este llanto
que corre y riega los campos,
¿me oyes? ¿me entiendes?
¿sabes por qué sigo nadando?

¿Sabes por qué agarro el tronco
que mis ojos ven sin estarlo?
¿Sabes por qué Neptuno
aún no me ha atravesado
con su tridente de hielo
y su mirada de espanto?
¿Sabes o no sabes por qué
sin saber por qué estoy nadando?


Mientras surco tus temores
presiento mi piel mudando,
presiento que mis pulmones
sin avisar van menguando.

Quiero saber si entiendes
lo que te estoy contando.
¿Sabes que nado aún perdiendo,
con las aletas sangrando,
con los oídos tupidos
y unas membranas por manos?
¿Sabes que estoy luchando
con las escamas abiertas
de estar amándote tanto?
¿y que mis branquias trabadas
quieren seguir respirando?

Tú solo sabes de redes
y de poner besos de cebos
para atrapar mi arrebato.
Tú solo sabes de peces
y de poner por anzuelo
cada uno de tus labios
para enhebrar en tu pelo
el arpón de estos versos.

¡Cuánto daría, Dios mío,
por escapar de tu encanto,
por sentirme yo ser río
y verte nadar en mis manos!

sábado, 2 de febrero de 2008

SUFRIMIENTO: MUSA DEL POETA.

Os dejo este artículo que escribí para Literaturate.com, en mi columna Poeta a la deriva. Espero que os guste.


A veces, cuando la musa me abandona añoro el sufrimiento”- me comentaba ayer mi amigo, y gran poeta, Suso Guevara. Decía, casi con indignación, que hoy en día sufrimos demasiado poco para alimentar las ganas de ser poeta, que los poetas deberíamos sufrir más. Recordé la frase de Vicente Huidobro: “el poeta que sufre poco, a menudo miente”. Rápidamente se nos vienen a la cabeza los grandes poetas que todos conocemos y sus magnas penas de amor, guerra, exilio, opresión, enfermedades, sangre… algunos de ellos llevados hasta el suicidio. La verdad es que está algo loco, pero no creo que mi amigo Suso desee suicidarse, aunque si este extremo le llevara a un soneto inolvidable… De nuestra larga conversación recuerdo como repetía que los poetas deberíamos sufrir extraordinariamente, que hay poetas que necesitan sentir la navaja en el cuello para transmitir de verdad y eso se nota. Recuerdo su símil: Los poetas somos algo así como un tubo de dentífrico que hay que exprimir, apretar con fuerza para sacar un verso fresco y azul. Y es cierto que entre todos los sentimientos posibles, el sufrimiento es el que más aprieta.
Lo que realmente me parece es que Suso añora la capa y la espada, la carta en papel, la pluma y el tintero, el trueque, la picaresca…
La realidad es que siempre hay sufrimiento, lo que le hace falta al poeta es tener los ojos negros para ver las tormentas escondidas en lo cotidiano, entender que el dolor de una persona es el drama del mundo. No importa el motivo, el dolor es dolor siempre. A pesar de que este argumento pueda parecer de peso no lo convencí, la verdad. Seguía con sus ansias de sufrir.
Suso está convencido de que las historias de amor que nos hacen sufrir a todos son más poéticas si se desarrollan en un contexto conflictivo. Me hablaba de la poesía que habrá en Irak en la próxima década, o en los países del centro de África, dónde hay tanta guerra, tanto sufrimiento sanguíneo, tanto cainismo. También se refería a Venezuela, pero menos convencido.
Puede que tenga razón, no estoy seguro. Pero recuerdo cuando ella me abandonó, y me pareció que el cielo de Bagdad se me caía encima, lo vi todo negro como la piel de Ruanda y sentí que Chávez me estrangulaba.
Escribí un poema, claro.

jueves, 24 de enero de 2008

La Luna te aguarda...



A Maria José María Ruiz

La Luna te aguarda en la noche para ser Luna.
El aire para ser viento tu nombre pronuncia
y este pobre corazón que por ti sigue en ayunas
se yergue rebelde en silencio sin razón alguna.

Quiere la niebla llevarte al mar para ser bruma,
porque sabe, sumida en la asonancia de tu blusa,
que ha de bañarte el mar para que de mar presuma.
que mar que no te bañe no llega a ser laguna.

Que las olas sin tu piel son olas sin espuma,
sin salitre ni barco, sin pirata ni aventura,
sin Levante que levante el vuelo de la grulla.

Llueve, y no sabe el cielo gris en su espesura
que como lágrima tuya no hay lágrima ninguna,
ni sabe Dios que eres verso de su última locura.

.

miércoles, 16 de enero de 2008

NO SÉ




No sé por qué pierdo el tiempo
escribiéndote versos
que tú nunca leerás

Tú no escuchas nada
que tire tus pensamientos
al cubo de mi basura.

Tú no amagas la caída
que me parte la cadera
sobre los pies de tu casa.

Tú no me apuntas ninguna
palabra desorbitada
con la intención ni sin ella
de imantarla en mi nevera.

Tú no le pones mi nombre
a tus hijos imposibles
como el plural de primera.

No sé por qué pierdo el tiempo
escribiéndote versos
mudos en una coral;
versos acuarelados
metidos en la letrina
que miran de reojos
la mano que tira
de la cisterna.

No sé por qué existes
detrás de todas las letras
que nunca verás que son tuyas.

No sé por qué disimulo
como un girasol que vira
en el sentido contrario
creyendo entre sus hermanos
que nadie se está dando cuenta.

No sé qué coño te importa
que quiera gritar tu nombre.
No sé porque no puedo
frenar este poema
henchido de diatriba.

No sé por qué la ene, la o, la ese y la é
arrastran las subversivas
una y otra vez.

No sé…