lunes, 25 de febrero de 2008

A VECES, CUANDO FALTAS...


A veces cuando faltas se me olvida que me quieres
Y tu foto ya está lejos y no la alcanza la vista
y el tiempo ya no sabe si nos dice la verdad
o acaso está pintando un ocaso impresionista.

Te veo posada en mi hombro, sembrada en un sueño.
Estás radiante, iluminas, pero ciegas a la vez.
Todo lo que allí habita se muere de envidia por mí,
y yo sin tenerte si quiera y tú ni siquiera me ves.

Yo soy escultura de mármol en mitad de tu plaza
que sólo tiene ojos y boca y así no te puede atrapar.
Sólo puedo pedirte que no te vayas (con mi boca)
y después (con mis ojos de piedra) verte marchar.

A veces cuando faltas se me olvida que me quieres.
Y mis penas ya no marcan la cadencia de tus pasos,
y la huella, asidero de su hermana cicatriz,
es arruga en mi edredón y se estira con las manos.

Te siento lejos, distante, quizás en el anverso
de una cara que no es mía ni es tuya ni de nadie,
y el viento pasa y te recita la nostalgia de mis versos
y tu verdad es tan fuerte que no lo sabe escuchar
y yo sin verlo.

A veces cuando faltas y me olvido que me quieres
me hablas con un beso, me tocas con tu palabra,
me miras, sólo me miras y vuelvo a entender entonces
que no me hacen falta motivos para quererte siempre.

martes, 12 de febrero de 2008

EN EL RÍO DE TUS MANOS


Sé que en tu nacimiento
crece y engruesa mi pena,
pero sigo nadando río arriba,
lanzando los brazos exhaustos
que en su elipse arrastran la vida,
tocan el fondo y arañan la arena.

¿Lo oyes? Son cantos de sirena.
Llevo dos meses nadando
y el mar aún está cerca.
Me está llamando.

Sigo bregando contracorriente.
¿Hasta cuándo?
¿cuándo llegarán las lluvias
que te vayan desbordando
y me arranquen estas ganas
de recorrerte nadando?

Saco el diestro y lo vuelvo a sumergir
en el siniestro horror de tus adentros.
Ahora llega el izquierdo,
toca el asiento y grita:
¡Tierra! ¡Tierra que está latiendo!
Y tu suelo que tanto me quema
parece que ya no es infierno.

¡Eh tú! Allá en tu monte,
allá en el nacimiento de este llanto
que corre y riega los campos,
¿me oyes? ¿me entiendes?
¿sabes por qué sigo nadando?

¿Sabes por qué agarro el tronco
que mis ojos ven sin estarlo?
¿Sabes por qué Neptuno
aún no me ha atravesado
con su tridente de hielo
y su mirada de espanto?
¿Sabes o no sabes por qué
sin saber por qué estoy nadando?


Mientras surco tus temores
presiento mi piel mudando,
presiento que mis pulmones
sin avisar van menguando.

Quiero saber si entiendes
lo que te estoy contando.
¿Sabes que nado aún perdiendo,
con las aletas sangrando,
con los oídos tupidos
y unas membranas por manos?
¿Sabes que estoy luchando
con las escamas abiertas
de estar amándote tanto?
¿y que mis branquias trabadas
quieren seguir respirando?

Tú solo sabes de redes
y de poner besos de cebos
para atrapar mi arrebato.
Tú solo sabes de peces
y de poner por anzuelo
cada uno de tus labios
para enhebrar en tu pelo
el arpón de estos versos.

¡Cuánto daría, Dios mío,
por escapar de tu encanto,
por sentirme yo ser río
y verte nadar en mis manos!

sábado, 2 de febrero de 2008

SUFRIMIENTO: MUSA DEL POETA.

Os dejo este artículo que escribí para Literaturate.com, en mi columna Poeta a la deriva. Espero que os guste.


A veces, cuando la musa me abandona añoro el sufrimiento”- me comentaba ayer mi amigo, y gran poeta, Suso Guevara. Decía, casi con indignación, que hoy en día sufrimos demasiado poco para alimentar las ganas de ser poeta, que los poetas deberíamos sufrir más. Recordé la frase de Vicente Huidobro: “el poeta que sufre poco, a menudo miente”. Rápidamente se nos vienen a la cabeza los grandes poetas que todos conocemos y sus magnas penas de amor, guerra, exilio, opresión, enfermedades, sangre… algunos de ellos llevados hasta el suicidio. La verdad es que está algo loco, pero no creo que mi amigo Suso desee suicidarse, aunque si este extremo le llevara a un soneto inolvidable… De nuestra larga conversación recuerdo como repetía que los poetas deberíamos sufrir extraordinariamente, que hay poetas que necesitan sentir la navaja en el cuello para transmitir de verdad y eso se nota. Recuerdo su símil: Los poetas somos algo así como un tubo de dentífrico que hay que exprimir, apretar con fuerza para sacar un verso fresco y azul. Y es cierto que entre todos los sentimientos posibles, el sufrimiento es el que más aprieta.
Lo que realmente me parece es que Suso añora la capa y la espada, la carta en papel, la pluma y el tintero, el trueque, la picaresca…
La realidad es que siempre hay sufrimiento, lo que le hace falta al poeta es tener los ojos negros para ver las tormentas escondidas en lo cotidiano, entender que el dolor de una persona es el drama del mundo. No importa el motivo, el dolor es dolor siempre. A pesar de que este argumento pueda parecer de peso no lo convencí, la verdad. Seguía con sus ansias de sufrir.
Suso está convencido de que las historias de amor que nos hacen sufrir a todos son más poéticas si se desarrollan en un contexto conflictivo. Me hablaba de la poesía que habrá en Irak en la próxima década, o en los países del centro de África, dónde hay tanta guerra, tanto sufrimiento sanguíneo, tanto cainismo. También se refería a Venezuela, pero menos convencido.
Puede que tenga razón, no estoy seguro. Pero recuerdo cuando ella me abandonó, y me pareció que el cielo de Bagdad se me caía encima, lo vi todo negro como la piel de Ruanda y sentí que Chávez me estrangulaba.
Escribí un poema, claro.