domingo, 20 de julio de 2008

MÁS ALLÁ DE LA U.C.I.

Entre tubos de suero y jeringas, cables y órganos artificiales, se encuentra. Bajo llave están las debilidades de nuestro cuerpo humano, sus miserias, sus ridículas presunciones humilladas por enemigos microscópicos. Más allá de la U.C.I. ya no hay nada. Allí la esperanza llega como llega el enfermo, moribundo. Y de allí sale más fuerte, creyente y con la promesa de cuidarse más en el futuro o sencillamente muere, también como el enfermo. Siempre he creído que por el purgatorio pasean seres con batas blancas y tarjetas de identificación colgadas del bolsillo en medio de ánimas que piden analgésicos para dolores que en realidad ya no pueden sentir. Una U.C.I. es algo así. Finalmente te das cuenta de que el peor enfermo, el más doliente y más conciente del beso que más tarde o más temprano todos recibimos se encuentra fuera de la camilla, sentado entre lamentos peregrinos y efímeros rostros, nuevos para los ojos, viejos para la vida, en un infierno llamado: sala de espera. Sin embargo el tiempo azota la verdad de nuestro prehistórico instinto animal que avanza siempre devorando los poderes de la supervivencia hasta que el beso nos llega a nosotros que entre pliegues y costuras nos prende, a pesar de que miremos a otro lado, con los labios de la inconciencia siempre bien pintados.

viernes, 11 de julio de 2008

MARISCAL


Por tus angostos caminos,
sobre una vela de paz,
mis sueños dulces de niño
soñaban con navegar.

Tus olas verdes de olivo,
tus barcos blancos de cal,
tu luna, faro escondido,
tu tierra libre, la mar.

Pupilas de oro encendido
me traen tu triste mirar.
Tu brisa, aroma de vino,
tu siervo y tu majestad.

Viento zaíno que instiga
la vela de mi futuro
lejos de tus orillas
¡qué duro, amigo, qué duro!


Ahora que he pasado unos días lejos de mi tierra, aún cobra más sentido este poema.