jueves, 28 de agosto de 2008

EL POETA

Tal vez alguno no entienda que de vez en cuando los poetas nos cortemos las venas con una pluma de ganso para ver como se vierte la tinta interior y oscura esperando preciar el balanceo y posterior abandono de esa última gota que se lleva el suspiro. Perfectamente pulida y torneada, péndula y dubitativa. Bella. Tal vez alguno piense que no se puede supeditar la vida a la letra, pero eso no es así en un poeta. El poeta se asoma siempre al abismo. Allí se encuentra el cementerio de las palabras asesinadas. Aquellas que un día dolieron tanto que fueron censuradas, malditas y eliminadas sin ningún miramiento. Allí sólo el poeta es capaz de estirar las manos y alcanzar los escombros de lo que un día fue verso, de lo que un día fue una verdad punzante, un efímero escaño en la realidad introspectiva de la existencia humana. Y el poeta que agarra los cadáveres de aquellas palabras es capaz de tragar su veneno y abandonarlo todo. Capaz de caminar eternamente por su nunca-hogar y planear el derrumbe de su cuerpo desde el último piso de la reedición de “Azul” sobre el estatuario papel, deletéreo y voraz.
Así vive Suso Guevara, siempre deslizándose por las aristas del tiempo. En un mundo propio y obsceno que sólo él entiende. Sin hacer daño más que a sí mismo y con una sonrisa en el bolsillo que se autodestruye a los cinco segundos como aquellas notas que el jefe Quimby entregaba a Gadget antes de cada caso. Marginado hasta por los muebles (que a menudo destruye) y querido por las piedras y las nubes, los árboles y la humedad, los pájaros. Una sombra fugaz en los ojos de la sociedad, pero vivo.
Acusado de huraño aquel que ve en las personas más allá del rostro y el traje de piel. Tildado de indigente quién menos necesidades materiales tiene. Rechazado el que es capaz de sentir con la empatía de un espejo de emociones. Chivato del corazón, chismoso de las heridas, despojo de los amores perdidos, repatriado de todas las guerras del mundo, eco de las injusticias, fantasma de todos los censos electorales y antes de todo ello, por todo ello y con todo ello… POETA. Así es Suso Guevara, un hombre que decidió un día vivir en la poesía.
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Más sobre él en www.literaturate.com (columna "Poeta a la deriva")

lunes, 25 de agosto de 2008

Efímeros anónimos


No bebas o perderás tu trabajo,
tu dinero y tu casa.
Perderás todo aquello que creíste importante
y por lo que tanto luchaste.
Dudó, pero bebió y lo perdió todo.

No sigas, no sigas bebiendo
o perderás a tu esposa,
tu familia se irá
y también tus amigos.
Luchó, pero bebió y se quedó solo,
abandonado y diminuto.

No lo hagas, no vuelvas
a beber ni una sola copa
o perderás la dignidad,
lo único que puede salvarte.
Lloró, pero bebió igualmente
entre imparables temblores
y se perdió a sí mismo
y nunca más supo quien era.

Ya no te queda nada.
No bebas o morirás.
Bebió, ya no quedaban
motivos para no hacerlo.

miércoles, 13 de agosto de 2008

LAS MISERIAS DEL LENGUAJE

Ayer me llamó Suso Guevara. Era de mañana, pero algo tarde, no me apetecía nada saludar al mundo, al mundo de fuera. Era uno de esos días en los que lo único que deseas es aniquilar el tiempo tirado en el sofá, leyendo y dándole vueltas a mi esquizofrénica calabaza. Pero lo cierto es que su insistente invitación a una barbacoa unida a mis inexistentes ganas de hacerme de comer me animó a vestirme y acudir.
Cuando salí por la puerta del bloque olía a romero. Estuvo lloviendo toda la noche y la humedad aún yacía en el aire. Llegué a su casa y pronto intuí que yo era el único invitado. Abrió la puerta y pregunté:
- Estamos solos ¿verdad?
- ¿Cómo vamos a estar juntos y solos a la vez?, dijo con su ironía habitual.
Es cierto, es una de esas quimeras socráticas que tiene el lenguaje. Y empezamos a divagar sobre el mismo.
Aquella noche Suso no había dormido nada. Intentaba inventar un término que significara más que “solo” y no lo conseguía. Decía: “Estoy solo” y no sentía el peso yunquero de las palabras sobre su verdadera y desértica soledad. Recordé entonces aquella cita de Miguel de Unamuno: “La lengua no es la envoltura del pensamiento sino el pensamiento mismo”. Suso se enojó.
El único lenguaje que está cerca del pensamiento profundo y menos lejos del sentimiento real es el lenguaje poético. El poeta pelea a diario por encontrarse con un verso que duela por su realidad, por lo tangible del mismo. Si llega, entonces nos sentimos así como Santo Tomás acercando su mano a las heridas de Cristo. Rozando los dedos por lo abrupto de la piel y sintiendo que el mar se arrima a los ojos entre pestañas de arena. Suso empieza a reclamar a los difuntos del castellano, el alemán, el inglés… Habla de la profesión lasciva de la madre de todas las palabras. Empieza a enrojecer; su cuello se convierte en un nido de serpientes trepadoras; los ojos se le escapan; lanza la paleta de la barbacoa contra el suelo y la pisa repetidas veces hasta que se cansa (por suerte no está en muy buena forma). Entonces, entre jadeos bronquiales desacelerados, se calma. Entra de nuevo en la casa y vuelve con un aparato de radio. Lo enciende. Sintoniza hasta que encuentra música clásica. Suena el preludio de la Suite nº 1 G mayor BWV 1007 para chelo, de Bach. Se sienta.
Pasados unos segundos cierra los ojos y una lágrima se le escapa.
Huele a quemado, pero no importa.
Al final, no me libré de cocinar y encima tuve que hacerlo para dos.

sábado, 2 de agosto de 2008

ERAS TÚ




En aquel espacio inerte
de cenizas de redentor
lejos del frescor y el verde…
…una flor.

En aquella arcada baldía
sobre desértica estola
yerma sima, piedra fría…
…una ola.

En la solemne penumbra
entre la santa quietud
por la lóbrega ultratumba…
…una luz.

Una flor,
una ola,
una luz…

…una vida
de amor
a ventola …
eras tú.

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Cuando la vi entrar en la iglesia, mientras la aguardaba en el altar, no pude contener el llanto.