martes, 31 de marzo de 2009

EL ABUELO



Doblé la esquina despacio,
lo vi tirado en el suelo.
Estaba desparramado.
Ceniza fría, el abuelo.

No quería ni mirarlo
por miedo a los sentimientos.
El trueno lacera al que siente,
no al que provoca el tormento.

Egoísta como siempre.
Como nunca remordimientos.
Me paro. - ¿Se duele?
- ¿Por qué dolor doy comienzo?

- ¿Si le ayudo a levantarse?
- Me ayuda a volver al suelo.
- ¿Vive cerca? ¿Tiene a alguien?
- A usted, en este momento.

Sus ojos tristes parecen
dos mármoles de un sepelio.
Su pelo gris es un bosque
vestido de mil incendios.

- ¿Dónde quiere que lo lleve?
- Retíreme a campo abierto,
que se me lleven las aves
en el arrullo del viento.

Que los perros desahuciados
Huelan la muerte en mis huesos,
que me arrastren imprudentes
donde arrinconen su miedo.

Que la hierba me acaricie
Y me devore el terreno
en su masticar pausado
y elegantemente negro.


- Le llevaré al hospital.
Tiene que verle algún médico.
- No me lleve con los hombres,
ellos no tienen remedio.


- ¿Quién es usted? ¿Y su nombre?
Dígame, ¿dónde lo llevo?
- Lléveme con las flores,
Mi nombre es mundo, estoy muerto.

martes, 24 de marzo de 2009

SI TUVIERAS VENTANAS


Si, al menos, tuvieras ventanas,
podría cantarte un bolero
para que te asomaras.

Si tú no fueras celeste
y no estuvieras tan alta
que pudiera verte.

Pero lindas en tu alejarte
infinito con el perdido universo
y yo solo puedo alcanzarte
de pensamiento.

Soplan bajo mis alas
tus versos que están trinando,
sonríeme en la distancia
para que salga volando.

Si, al menos, tuvieras ventanas
para mirar desde abajo…

jueves, 19 de marzo de 2009

HISTORIA DE UN LETRERO

Mi hermano mayor me envíó hace ya algunos días este video. Hoy he estado viéndolo de nuevo y he pensado que debía compartirlo con vosotros:



Espero que os guste.

lunes, 9 de marzo de 2009

TU MIRADA


Nunca hubiera sospechado
que pudiera estar ahí,
entristecida, lamentada,
sin querer decir ni callarse nada,
así como dormida,
tu mirada.

Y andaba yo también en esas,
cuando se advirtieron.
Quizás por casualidad,
que no por accidente,
no sé, tal vez, se estrellaron,
o se lunaron, prefiero.
El caso es que estaba,
sola en el silencio,
tu mirada.

La verdad es que no la esperaba.
Estaba ahí y basta.
Tal vez, la encontré erizada
por inclemencias del tiempo,
y olvidé entonces los nombres
y pertinentes palabras,
olvidé si vi yo el mar
en mitad de la explanada
y olvidé viejas cenizas
otrora gran llamarada
y entre tanta y tanta amnesia,
tu mirada.

Nunca hubiera sospechado
que estuviera ahí, tan quieta,
tan doliente y afligida,
sin escudo ni trinchera,
sin custodios ni alambrada,
tan sencilla y exquisita,
como alondra que despega
sin algazara de alas.
Tan linda.

Cómo hubiera imaginado
que estuviera ahí, parada,
tan cándida y pomposa,
tan lánguida y soñada,
así como dormida
y aclamada por los ojos,
tu mirada.