lunes, 25 de mayo de 2009

SUSO GUEVARA & MARIO BENEDETTI


Aquella mañana del 18 de Mayo me despertó su voz gruesa.
Me pareció muy triste que Suso me llamara a mí. Sólo disponía de una llamada y me llamó a mí. No me sentí halagado ni dilecto. Sabía perfectamente que esa llamada era la confirmación atroz de que Suso no tiene a nadie más.
De camino a comisaría iba pensando en la barbaridad que habría cometido esta vez. Me sentía como un padre que ha recibido la llamada del director del colegio por la última gamberrada que su hijo ha cometido. Iba imaginando la innumerable lista de posibilidades. Cuando llegué a su estancia el hedor a destilería resolvió mis dudas. Estaba esposado, así que intuí que se habría resistido. No me sorprendió. Tuve que firmar como si me llevara un paquete de la oficina de correos. El agente me entregó sus pertenencias poniendo cara de Miura y espetó unas protestas que por esperadas fueron desoídas. Me atreví a ayudarlo para que se levantara y su gesto fue receptivo. Así que supe que algo no andaba bien. Se alzó laxamente y me dolió ver que su frente no estaba alta. Su mirada no mostraba ni un atisbo de orgullo y se hundía doblegada en el piso. Nunca antes le había visto perder su gallardía. Se subió al coche y le pregunté qué le habían hecho.
- Nada. No se hubieran atrevido.
Su impulso insurrecto me tranquilizó un poco y ahondó más mi incertidumbre. Permanecimos en silencio durante parte del trayecto hasta que abrió la boca.
- No te he llamado a ti el primero.
Me sorprendió. No pude concluir ni una sola persona más a la que habría llamado. No sentí decepción, más bien, alivio.
- No quería creerlo. Pensé que debía ser una alucinación fruto de la ingente borrachera que cogí anoche pero… no respondió al teléfono. No había nadie al otro lado, ¿sabes? No es que no respondiera, es que no había nadie.
Su brazo derecho sobre la ventanilla descendida. Su mano sobre la frente, como queriendo aguantar los salvajes pensamientos.
- Se ha muerto, ¡joder! La gente dice: No… sigue con nosotros… su obra perdura… sólo está dormido… Pero… ¡se ha muerto! ¡joder! ¡se ha muerto!
Paró un segundo y respiró tan hondo que entendí que inhalaba tormento.
- Su verbo huele a pasado, su tregua se ha roto y tengo una guerra dentro que no hace rehenes. No tengo ya incertidumbre por qué me contará mañana. ¡Se ha muerto¡ ¡joder! ¡se ha muerto!

El Sol reinaba con valentía en un cielo insultantemente azul. La luz clara de Andalucía lo inundaba todo. De pronto, sin pedirlo ni esperarlo, comenzaron a danzar los limpiaparabrisas delanteros.

martes, 19 de mayo de 2009

QUERIDO URUGUAYO

Nada hay más triste
que un girasol yermo
alzado en la mediana
de la autovía.
Su verdor ausente,
lidiando en el negro
de los besos de tizne
de la cofradía.

Nada es más crudo
que verlo medio erguido,
descamisado e impuro
entre los andeles.
Su oro adulterado,
cabizbajo y torcido,
de rendirse y pasearse
por los burdeles.

Nada es más triste
que el hecho inexorable
de que tú te hayas ido
sin avisarme
Nada más agudo
que tu exilio razonable
del color supralicuado
de mi paisaje.

Pero el hecho indiscutible
es el paso de los autos
que me devora la vida
sin tu resguardo.
El cielo agonizante
porque te has descolgado
y mi voz que ya no gira,
querido uruguayo.

Sin tu alta referencia
¿qué serán mis descendientes?,
¿dónde aprenderán entonces
a alzar la frente?


(17 de mayo de 2009)

domingo, 10 de mayo de 2009

¡POBRE ÁRBOL!


¿Y tu árbol?

¿dónde anda?

¿Ya no sostiene el espejo

que te mostraba?

¡Pobre árbol,

sin copa ni falda,

sin fruto ni hojas,

sin tronco ni ramas!

¡pobre árbol

que a tu vera...!

¡pobre árbol...

ni sombra daba!