lunes, 29 de noviembre de 2010

COMO UN SOBRE DE AZÚCAR SOBRE EL CAFÉ

Párate un segundo. Acércate a esa cafetería de la esquina que tanto te gusta. Pídete un café del mundo, devuelve el bote de sacarina y coge un sobre de azúcar.
Observa el color profundo de la taza y sobre la espuma vierte el sobre. Quédate observando esa isla blanca que se ha creado sobre el café.
Mira como esos diminutos granitos se independizan,
observa como uno a uno van desapareciendo bajo el color tostado.
Date cuenta de la lentitud con la que se hunden, parece que vaya a durar un siglo,
parece que haya que ayudarlos, incluso.
Pero no te precipites, observa.
Mira como todo se va acelerando, como, a medida que se acerca el final el hundimiento es más y más rápido. Ve como la isla nevada no es más que una mancha minúscula.
Queda poco. Los granos que aún quedan han perdido la esperanza. Se están dejando llevar al fondo del abismo, sin pelear siquiera, sin saber a dónde se les lleva. Se van.
Te has quemado las yemas de los dedos intentando atraparlos. Lo sé. Sácatelos de la boca y míralos. Están irritados y sucios. Agarra una servilleta y límpialos debidamente. No llores.
Recuerda que pediste la taza del café para disfrutar su aroma, su sabor, su textura. Coge la cucharilla y muévelo bien. Bebe. ¿Lo notas? Es una delicia ¿verdad?
¿Ya te has olvidado del azúcar? Bien hecho.
¿Entiendes lo que ha sucedido? Pues hazlo de vez en cuando. Y piensa.

viernes, 24 de septiembre de 2010

AQUELLA DECLARACIÓN DE SUSO GUEVARA (final)

Entonces volvió a abrirse la puerta de aquella casa y allí estaba ella de nuevo, parando el crono, devolviendo la maceta a su lugar original y volviendo a entrar. Esta vez llevaba el pelo recogido. Pude verla mejor y darme cuenta de que era realmente bella. Fue rápido, como una explosión de luz en aquel maldito día nublado. Un segundo después sentí la puerta del coche cerrándose y vi a Suso cruzar la calle, hipnotizado, sin mirar a los lados.

Abrió la cancela con agresividad y voló hasta la entrada. No tocó el timbre, nunca lo hacía. Llamó a la puerta golpeando moderadamente con los nudillos de su mano diestra. No dejaba de moverse, como un niño pequeño que no contiene la orina. Se abrió la puerta.

El mundo entero se paró un instante. No había guerra ni hambre, ni luz ni agua. Nada se movía. Nadie negaba ni pasaba ni latía. Nada había más que aquellos ojos enfrentados.

- Hola –dijo Suso-. ¿Te acuerdas de mí?

Ella tenía la mano derecha sobre el quicio de la puerta. Él se fijo en ella y notó como los dedos se blanqueaban apretando la madera inocente. Después sintió su mirada pavorosa.

- Perdona. Perdona que haya venido después de tanto tiempo. Perdona. No vengo a robarte nada y mucho menos a pedirte algo. Sólo quiero que me escuches: Perdóname por haber sido tan cobarde, tan egoísta.

Ella intentó decir algo. Él la interrumpió.

- Espera, quiero que sepas que no he dejado de quererte ni un solo día de mi vida. Incluso mientras quería a otras mujeres te estaba queriendo a ti. Lo sé, pensarás que he tardado mucho en darme cuenta, que veinte años es una barbaridad, pero no estoy muerto y tú tampoco, así que no es demasiado tarde. No sabes cuantas veces he amagado a venir hasta aquí, sin ni siquiera saber si aún sería tu casa.

Ella intentó decir algo, de nuevo, y de nuevo él lo impidió.

- No quiero que digas nada. Perdóname antes. Perdona porque tus hijos no sean míos, por no estar nunca, por todas esas noches que no te dí y tú regalaste. Perdóname por estar aquí hoy alterando tu vida o haciéndote perder unos minutos. Perdóname porque podía haberte hecho la mujer más feliz de este mundo y haber sido el hombre más dichoso de la historia… contigo. Perdona porque dejé esa responsabilidad, que era mía, sólo mía, a otro hombre. Perdóname por quererte como nadie en este mundo ha sido nunca capaz de querer a nadie. Perdona por no saber tú nombre y tú no haberme conocido nunca.

Suso se dio la vuelta y enfiló el camino hacia la calle con paso firme, seguro, como un capitán que acaba de declarar la guerra sabiéndose superior en la batalla.

Desde el coche pude ver como ella se asomaba completamente a la puerta con las lágrimas arándole el rostro mientras los labios parecían dos imanes de idénticos polos. Y allí se quedó de pié, inmóvil, mirándolo como quien ve pasar lo imposible.

Suso se subió al coche, sudado. Respiró hondo y dijo:

- Vámonos.

Arranqué y emprendí la marcha. Al cabo de unos segundos le dije:

- ¿Me vas a contar ahora la historia de esa mujer, o no?

Mirando a la calle, con el codo sobre la ventanilla descendida y la mano en la barbilla, me respondió.

- Un día, hace veinte años, pasé por esa puerta y allí estaba ella, regando las macetas. Nos miramos. Yo no me paré y ella no me habló.

Me miró, buscando en mí una especie de complicidad o entendimiento, al menos. Yo lo miré como se mira a un chino de un “todo a cien” que nos reclama algo en mandarín. Dándose cuenta, volvió la vista al frente.

- Eso es todo.

Quería matarlo pero el sol me deslumbraba y no quería soltar las manos del volante. Nos fuimos y me quedé con una sensación de profunda jilipollez que me duró varios días.

martes, 21 de septiembre de 2010

AQUELLA DECLARACIÓN DE SUSO GUEVARA (1ª parte)

Vuelvo con algo de Suso Guevara. Se lo dedico a mi hermana, que tanto le gusta.

Esperábamos sentados en el interior del coche, en la avenida de Andalucía, frente al número 35. El sol, anaranjado, jugaba a esconderse tras las nubes y cuando saltaba de una a otra dibujaba un alud ámbar en el parabrisas. Suso se preguntaba si no estaría haciendo la mayor estupidez de su vida, a pesar de que la lista era amplia y diversa. Las palabras bailaban con los recuerdos al son de un tango de Gardel en el escenario de su atormentada cabeza. Intentaba ordenar los vocablos pero el ritmo de sus vísceras le provocaba una afasia borrascosa. Al cabo de un par de horas, al otro lado de la calle, se abrió una puerta. Salió él. Vestía de manera informal aunque cubierto con un elegante abrigo negro de tres cuartos. Era más alto de lo que había imaginado y, a decir verdad, más atractivo. Lo observó mientras abandonaba la casa y le agradó entender que nadie saliera a despedirlo. De repente, la puerta volvió a abrirse y salió ella. Cogió una maceta que colgaba de una ventana y volvió a entrar en la casa. Yo casi no pude verla. Sólo me dio tiempo a distinguir una melena oscura suelta como una cascada de tinta china. Pero él sí. Lo supe cuando creí que las yemas de sus dedos, clavados en mi pierna diestra, ya alcanzaban a tocar el fémur. Grité. Cuando recobré el habla le dije:

- Es el momento, Suso, ve y habla con ella.

- No puedo -me contestó-.

Nunca había visto a Suso tan temeroso. No era un hombre que se distinguiera por pensar las cosas dos veces, pero estaba claro que aquello era diferente. Se estaba enfrentando a los fantasmas de su pasado, esos que durante tanto tiempo le habían acompañado. Así que no quise presionarlo.

- Joder, Suso, llevamos cuatro horas y media esperando y ¿ahora dices que no puedes?

- ¡No puedo! – subió el tono-.

- Vete a la mierda, tío. Eres un cobarde. Detrás de tanta chulería no hay más que un niñato acongojado. Pues aquí vamos a estar hasta que el sol nos caiga encima.

Una esfera de color naranja cayó sobre el parabrisas. Salí y miré al cielo, el sol permanecía en su lugar, entre las nubes, como un enfermo en su cama, cubierto por las cálidas sábanas blancas y, entonces, me di cuenta que estábamos estacionados junto a un bonito y maduro naranjo.

- ¡A tomar por culo!

Entré en el coche y eché mano a la llave que estaba en el contacto.


continuará...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

COMPLETO

Otro poema incluído en "De Marzo y otros Colores".

Los cajones de la cómoda

se condenan a lo abierto

como bocas obligadas

a gritar eternamente

Henchidos y rebosantes

del exilio de tus ropas

vomitan el abandono

entre dientes y caobas,

y adioses aglomerados.

En ellos se amontonan

los vacíos y los ecos

y saturan los espacios

invisibles y etéreos.

Llanura de barnices

preñados,

cebados,

hartos de nada.

Polvo gris.

Te diría que volvieras

pero lo vano, lo intangible,

y las prendas inexistentes,

no deja en los cajones

ni un sólo hueco libre.


viernes, 16 de abril de 2010

CARTA LENTA

Os entrego este poema, incluido en mi libro "De Marzo y otros Colores", espero que os guste.

CARTA LENTA

Disculpe que me atreva

a robarle un segundo.

No soy un raptor

ni un carterista,

no soy un delincuente

ni un banquero.

Creo que estoy más cerca

de la mendicidad

que de la sisa.

Disculpe, decía, que me atreva

a pedirle humildemente

que me dedique un minuto.

Lo que quiero ofrecerle

es algo totalmente gratuito.

No está sometido

a sorteo público o privado,

ni tiene ninguna condición

sine qua non.

Es sencillamente suyo

y por eso solicito,

y disculpe de nuevo,

una hora de su tiempo,

que adivino es de oro

como el de todos nosotros.

Sólo necesitaré que un día

deambule usted por mi espacio,

que de modesto clama

a quitarse la ropa

y a dialogar despacio,

y en sólo un mes, si me apura,

acabamos con este asunto.

Venga, que allí tengo un año

perdido de su memoria.

Y creo que va siendo hora

de devolverlo a su dueña.

Entendería, sin embargo,

una leve negativa,

sujeta de alguna forma

a posibles negociaciones.

Disculpe que me atreva

a robarle, decía,

una vida entera

y lo que venga después.

miércoles, 10 de marzo de 2010

PLUVIA



Dicen que el agua sabe tu nombre.

Dicen que en otoño lo pronuncia.

Dicen que corre en las calles

y todo lo alcanza… y lo inunda.


Yo quiero mojarme contigo

en un vergel infinito,

que me toques inofensiva

como un cachorro perdido.


Tus cielos, que ya son tantos,

se olvidaron de anunciarte,

pero yo te he visto muchas veces

y sé que tú no te olvidas.


En la noche el vidrio se araña

haciéndote un homenaje,

y el Sol cura las mañanas

para que no me amancilles.


Agua, que tanto sabes, llámala

y dile que mima el cetrino

el paso de todas las huellas

que el mundo conoce,

que vuelva,

que vuelva.

sábado, 27 de febrero de 2010

ME QUEDARÉ POR TI

Bueno, os traigo un regalo apoteósico. Un tema espectacular que Jaime Roldán compuso mientras su madre luchaba contra la lógica y las reglas de la ciencia en la cama de un hospital. La interpretación de Mayca Teba deja pegado al asiento mientras una estampida de erizos recorre el alma.


jueves, 18 de febrero de 2010

VANIDAD


Aprovechando que te agachabas,

me agaché también contigo

y desde abajo vimos todo

alto, lejos… desmedido.


Entonces recordamos el motivo

suficiente para querernos:

Esta vanidad de sentirnos importantes.

martes, 9 de febrero de 2010

*Obra pictórica de Mauricio Battistelli

No quedaba tiempo para consultar el Kamasutra, así que, en un alarde de imaginación desaforada, me inventé la postura del "chupito": arriba, abajo, al centro y "pa" dentro. Se fue insatisfecha pero con una borrachera tremenda.


(adaptación de un microrrelato propio censurado en un concurso de SM. Lógico si pensamos que Sm es la editorial de Barco de Vapor (jeje ¡no me cabe ná!))

miércoles, 3 de febrero de 2010

miércoles, 27 de enero de 2010

ASÍ NOS VA...

- Buenas, ¿me pone usted cuarto y mitad de catástrofe, por favor?

- ¿Con drama real y masacre humana?

- Mmm, no sé... mejor sí.

- A ver, ¿para qué lo quiere?

- Es para obtener un poco de Solidaridad.


sábado, 23 de enero de 2010

PUERTO PRÍNCIPE...

Es imposible no hacerlo. Ya sé que Puerto Príncipe está muy lejos. Que de una zancada no lo alcanzamos. Hoy me he levantado y al bajar a la calle había cenizas pero eran de un cigarro, se levantaba el polvo ante mis ojos y no era más que el paso de una furgoneta de reparto. Una mujer gritaba un nombre a los pies de una escalera, pero ella sí obtenía respuesta. Un niño lloraba pero era caprichosamente y su madre lo acurrucaba. Hoy me he levantado buscando Haití en el mapa.

Ya lo sé. He intentado no hacerlo, guardar silencio. Pero no puedo. No debo. Escribo y dentro de unos segundos recogeré a mi hijo y reiré con él y no puedo evitar sentirme mal por ello pero... ¿qué hacer?

No puedo más que escribir porque esto es lo que soy, es lo que hago. La vida sigue naturalmente, el mundo no para por nada. El hombre es injusto porque imita a su padre. Así es. No pretendo ofrecer un dogma y renuncio a la poesía porque no quiero que haya nada bello hoy en lo que escribo. Todos los muertos del mundo son nuestros muertos. Todos los huérfanos son ahora nuestros hijos y los padres son nuestros padres y hermanos y amigos. Tan lejos del Mar Caribe.

No cambiaré de canal porque lo único que nos diferencia es una maldita casualidad geográfica. Hoy he leído que ha sido treinta y cinco veces mayor que la bomba atómica de Hiroshima. Es terrible.

He comprado una bula donando algo a la causa ¿y ahora qué? ¿Respiro hondo y sigo? Estoy confuso, me siento culpable como si yo mismo fuera la falla nerviosa, la placa Coco o la de San Andrés. Lo siento como si yo mismo hubiera apretado el botón. Lo siento. Quiero que mi hijo cuando crezca no permanezca impasible ante estas cosas. Por eso os escribo, es lo que soy, es lo que hago, y hoy es imposible no hacerlo.

sábado, 16 de enero de 2010

DOLIENTE VIDA DE UN COBARDE

Primero fue insultado por un amigo,

no quiso agachar la cabeza.

Descepó la amistad de su vida

como quien sin tambalear

se quita una postilla,

sin dolor.


Fue abandonado por su primer amor,

cerró los oídos a todas las canciones

de aquella historia,

dejando sorda para siempre

a la memoria

y siguió adelante.


Vió morir a sus padres

sabiendo que nunca más los vería

pero no quiso abrir la puerta

a la ira.

Ésta y la frustración

llamaban insistentemente

como un cobrador de morosos.

Se hizo fuerte

y no abrió la puerta nunca.

Quemó las fotografías

dejando ciego al recuerdo.

Tampoco lloró aquel día.


Sin conocer París todavía

llegó su primer hijo.

Nació hermoso

como un amanecer quemado

por los naranjas y rojos

de un cielo regalado.

Se lo pusieron en los brazos

lo miró a los ojos,

le palpó las manos,

los dedos de plastilina,

la piel amoratada

los labios de golosina.

Olor a jabón y sangre.

Lo miró mucho

pero ya era tarde

y no sintió NADA.