miércoles, 27 de enero de 2010

ASÍ NOS VA...

- Buenas, ¿me pone usted cuarto y mitad de catástrofe, por favor?

- ¿Con drama real y masacre humana?

- Mmm, no sé... mejor sí.

- A ver, ¿para qué lo quiere?

- Es para obtener un poco de Solidaridad.


sábado, 23 de enero de 2010

PUERTO PRÍNCIPE...

Es imposible no hacerlo. Ya sé que Puerto Príncipe está muy lejos. Que de una zancada no lo alcanzamos. Hoy me he levantado y al bajar a la calle había cenizas pero eran de un cigarro, se levantaba el polvo ante mis ojos y no era más que el paso de una furgoneta de reparto. Una mujer gritaba un nombre a los pies de una escalera, pero ella sí obtenía respuesta. Un niño lloraba pero era caprichosamente y su madre lo acurrucaba. Hoy me he levantado buscando Haití en el mapa.

Ya lo sé. He intentado no hacerlo, guardar silencio. Pero no puedo. No debo. Escribo y dentro de unos segundos recogeré a mi hijo y reiré con él y no puedo evitar sentirme mal por ello pero... ¿qué hacer?

No puedo más que escribir porque esto es lo que soy, es lo que hago. La vida sigue naturalmente, el mundo no para por nada. El hombre es injusto porque imita a su padre. Así es. No pretendo ofrecer un dogma y renuncio a la poesía porque no quiero que haya nada bello hoy en lo que escribo. Todos los muertos del mundo son nuestros muertos. Todos los huérfanos son ahora nuestros hijos y los padres son nuestros padres y hermanos y amigos. Tan lejos del Mar Caribe.

No cambiaré de canal porque lo único que nos diferencia es una maldita casualidad geográfica. Hoy he leído que ha sido treinta y cinco veces mayor que la bomba atómica de Hiroshima. Es terrible.

He comprado una bula donando algo a la causa ¿y ahora qué? ¿Respiro hondo y sigo? Estoy confuso, me siento culpable como si yo mismo fuera la falla nerviosa, la placa Coco o la de San Andrés. Lo siento como si yo mismo hubiera apretado el botón. Lo siento. Quiero que mi hijo cuando crezca no permanezca impasible ante estas cosas. Por eso os escribo, es lo que soy, es lo que hago, y hoy es imposible no hacerlo.

sábado, 16 de enero de 2010

DOLIENTE VIDA DE UN COBARDE

Primero fue insultado por un amigo,

no quiso agachar la cabeza.

Descepó la amistad de su vida

como quien sin tambalear

se quita una postilla,

sin dolor.


Fue abandonado por su primer amor,

cerró los oídos a todas las canciones

de aquella historia,

dejando sorda para siempre

a la memoria

y siguió adelante.


Vió morir a sus padres

sabiendo que nunca más los vería

pero no quiso abrir la puerta

a la ira.

Ésta y la frustración

llamaban insistentemente

como un cobrador de morosos.

Se hizo fuerte

y no abrió la puerta nunca.

Quemó las fotografías

dejando ciego al recuerdo.

Tampoco lloró aquel día.


Sin conocer París todavía

llegó su primer hijo.

Nació hermoso

como un amanecer quemado

por los naranjas y rojos

de un cielo regalado.

Se lo pusieron en los brazos

lo miró a los ojos,

le palpó las manos,

los dedos de plastilina,

la piel amoratada

los labios de golosina.

Olor a jabón y sangre.

Lo miró mucho

pero ya era tarde

y no sintió NADA.