martes, 25 de enero de 2011

CONFESIÓN DE UN HOMBRE BUENO.


De acuerdo, reconoceré si me lo pides,

que no es verdad que abriera las aguas para salvar a mi pueblo,

ni que anduviera sobre ellas.

Que lo de Lázaro fue algo sugestivo

y que la multiplicación de panes y peces

se reduce a partición y generosidad,

Lo de la resurrección no puedo explicarlo

porque estuve inconsciente,

aunque te puedo poner en contacto con Juan

porque creo que él y un médico amigo suyo

tuvieron algo que ver en todo aquello.

No pienso hablar de Magdalena

ni nada que tenga que ver con aspectos íntimos

porque no vienen al caso

ni aportan nada a tus dudas

ni a las de nadie.

También he de reconocer

que no estuve cuarenta días vagando por el desierto.

Ni he visto nunca al diablo ni creo que exista.

No fue invención mía, te lo aseguro.

Admitiré como incierto todo aquello que se haya dicho o escrito

sobre mi vida y no corresponda a la realidad,

pero sí quiero que estés seguro de una cosa:

que traté a todos los hombres sin mirar su ropa,

su lengua o su género, su posición social ni su dinero,

y di a aquel que se acercó a mí el amor que todo ser humano merece

más allá de sus daños y sus errores.

y ese parece ser, por desgracia, y estarás de acuerdo conmigo,

un milagro irrepetible, una verdad que me endiosa.