martes, 27 de septiembre de 2011

Cuando pensaba...




pintura de Leonid Afremov

Cuando corría lo hacía sin miedo,
sin rumbo y sin porvenir.
Cuando luchaba lo hacía sin armas,
con intención de morir.

Cuando rezaba lo hacía sin dioses
ni oraciones de folletín.
Cuando hablaba, sin estrategias;
cuando ofrecía, sin dividir.

Cuando enfrentaba lo hacía con fuerza;
cuando abrazaba, sin exprimir.
Cuando pintaba, mirando al cielo;
cuando miraba, mirada gris.

Cuando volaba lo hacía en tu pelo;
cuando besaba, con tu carmín;
cuando lloraba, con tu silencio;
cuando pensaba, pensaba en ti.

martes, 13 de septiembre de 2011

SUSO GUEVARA, el poeta.


pintura de Leonid Afremov
    Tal vez alguno no entienda que de vez en cuando los poetas nos cortemos las venas con una pluma de ganso para ver como se vierte la tinta interior y oscura esperando preciar el balanceo y posterior abandono de esa última gota que se lleva el suspiro. Perfectamente pulida y torneada, péndula y dubitativa. Bella. Tal vez alguno piense que no se puede supeditar la vida a la letra, pero eso no es así en un poeta. El poeta se asoma siempre al abismo. Allí se encuentra el cementerio de las palabras asesinadas. Aquellas que un día dolieron tanto que fueron censuradas, malditas y eliminadas sin ningún miramiento. Allí sólo el poeta es capaz de estirar las manos y alcanzar los escombros de lo que un día fue verso, de lo que un día fue una verdad punzante, un efímero escaño en la realidad introspectiva de la existencia humana. Y el poeta que agarra los cadáveres de aquellas palabras es capaz de tragar su veneno y abandonarlo todo. Capaz de caminar eternamente por su nunca-hogar y planear el derrumbe de su cuerpo desde el último piso de la reedición de “Azul” sobre el estatuario papel, deletéreo y voraz.
Así vive Suso Guevara, siempre deslizándose por las aristas del tiempo. En un mundo propio y obsceno que sólo él entiende. Sin hacer daño más que a sí mismo y con una sonrisa en el bolsillo que se autodestruye a los cinco segundos como aquellas notas que el jefe Quimby entregaba a Gadget antes de cada caso. Marginado hasta por los muebles (que a menudo destruye) y querido por las piedras y las nubes, los árboles y la humedad, los pájaros. Una sombra fugaz en los ojos de la sociedad, pero vivo.
Acusado de huraño aquel que ve en las personas más allá del rostro y el traje de piel. Tildado de indigente quién menos necesidades materiales tiene. Rechazado el que es capaz de sentir con la empatía de un espejo de emociones. Chivato del corazón, chismoso de las heridas, despojo de los amores perdidos, refugiado de todas las guerras del mundo, eco de las injusticias, fantasma de todos los censos electorales y antes de todo ello, por todo ello y con todo ello… POETA.
Así es Suso Guevara, un hombre que decidió un día vivir en la poesía.