sábado, 29 de diciembre de 2012

CORRE, CORRE...


Miras con los ojos que te dieron
entre la niebla impuesta por el ocio.
Gritas con todo cuanto tienes
con la péndula gota en la mejilla.
Corres con la huida en la etiqueta
del jersey violeta descosido.
Y no arreglas nada porque ellos se quedan.
Se quedan con todo cuanto hiciste,
se quedan con lo que dejas en el camino,
con tu mirada triste,
se quedan con aquello que soñaste
y no te atreviste nunca
se quedan esperando que te caigas
para reírse de todos nosotros
por eso quiero que corras,
quiero que corras hacia delante.
No te harán falta armas, no te preocupes,
recuerda que yo estoy contigo,
recuerda, no lo olvides,
que llevas tu corazón prendido.
Así que corre, corre y grita
contra todos ellos,
hasta que se queden tan sordos
que no puedan oír nunca la voz de la avaricia.
Grita contra aquellos que quieren robarte
el cielo de tus pecados,
las manos de tus padres,
los besos de tu adolescencia,
la vida de tus hijos,
la nota de tu canción.
Corre, corre y recuerda
que no te hacen falta más armas
que tu corazón prendido.
Corre y no olvides nunca
que yo estoy contigo.

jueves, 15 de noviembre de 2012

DETRÁS DE TI.


Sabes que estoy detrás de ti. Detrás de tu pequeño gesto cuando me estás despidiendo. Detrás de tu caída de párpados cuando te vas a la cama. Detrás de tu frotar de manos buscando calor. Detrás de tu enfado ridículo. Detrás de tu sonrisa profunda. Detrás de tu suspiro también estoy yo. Detrás de todo cuanto haces me encuentro. Disimulo, a veces, para que no te sientas vigilado, pero estoy ahí. Finjo que no te miro cuando te avergüenzas. Disfrazo mi enfado cuando desobedeces pero ahí estoy. Detrás de ti. Cubriéndote la espalda. Señalando el camino. Esquivando desaires. Amortiguando los golpes. Sosteniendo tu equilibrio. Alimentando tu ánimo, estoy. Detrás de ti. Detrás de todo cuanto eres. Sí, siempre detrás. Detrás de ti porque así tengo toda mi vida… por delante.

lunes, 1 de octubre de 2012

A VECES LA VIDA... QUE DECÍA SERRAT

A veces uno se levanta sabiendo lo que tiene y sonríe. El día parece mejor de lo que es y uno es más fuerte y más alto. A veces basta con chasquear los dedos para que la casa se recoja sola y las luces se apaguen, se descorra la cortina y entre un sol maravilloso inundándolo todo, no de amarillo, sino de azul, casi blanco. Uno siente que ya no le duelen las piernas, ve mejor de lo que ve y las canas han desaparecido. A veces, y esto ocurre menos de lo deseado, se mueve uno con agilidad felina, coge el teléfono a la primera llamada y ésta porta una gran noticia. Va uno a tirar la basura, que desprende aromas marinos, y se cruza con la vecina que, coqueta ella, se atusa el pelo, y tiene hoy los senos mayores que ayer (esto va por Fernando) y los labios mordidos. El gato que habita en los contenedores lleva hoy pajarita de colores y nos guiña un ojo al paso frotando los cubiertos. Se vuelve uno sin querer ni poder evitar la sonrisa que le humedece las tetillas de las orejas y más que andar levita. La llave del portal se atina a la primera y resulta que la puerta no pesa un quintal sino que es ligera como las pestañas de mi hijo Lucas. A veces da gusto estar vivo, entrar por la ventana, vestirse del revés, trabarse la lengua, cantar… Mi hijo Jesús dice: La vida está difícil pero es bonita, y su tío Quino ríe y su abuela Loli babea y entonces alguien repite: ¿Cómo está la vida, Jesús? ¿Jesús?... La familia es un drago milenario o un bao-bab de aquellos de El Principito. La familia es algo grande que a veces a uno le alegra la vida por el mero hecho de existir y tenerla cerca. Yo estoy ahora haciendo la mía y eso, queramos o no, desplaza y crece y desplaza más. Mañana mis hijos harán la suya y yo esperaré al otro lado del teléfono una llamada cariñosa, harto de artrosis reumatoides y anemias afectivas y seguiré entendiendo y aprendiendo realidades presentes. Pero hoy tengo un día irrompible en las manos y me lo han regalado ellos, mi familia, teñido de recuerdos que nada tienen que ver con el sepia de las fotos antiguas. Mis hermanos son mis hermanos y lo serán siempre. Mis padres mis héroes aunque no sean inmortales. A veces, mi mujer es la mujer más increíble sobre la faz de la tierra, mi casa un palacio, mis manos poetas y mis hijos los dueños del mundo. A veces, solo esto último es verdad y yo me acuesto queriendo tener más tiempo para estar con ellos. A veces estoy joven y quiero salir corriendo y pegarle duro a la pelota, otra vez. A veces pienso que todo es tan milagroso a nuestro alrededor que es imposible darse cuenta y no ser feliz. Espero ser capaz de hacerles entender a mis hijos, algún día, todo este batiburrillo de ideas, sin que piensen que su padre es un pobre loco… sin que se den cuenta, quiero decir.

jueves, 23 de agosto de 2012

LAS COSAS DESAMPARADAS



Te quedaste desamparada
sometida entre las cosas
que ya no sirven para nada
Perdida entre una goma
de Milan y las baladas
clásicas de Roma,
debajo de Tele 5 y la cuerda
de una peonza.
Te quedaste desamparada
aunque viva,
entre arañazos de relojes
de bolsillo y cintas de casette.
Nunca busco la bolsa
de estas cosas olvidadas
porque no quiero encontrarme
cromos de futbolistas
cebados y entumecidos,
ni rotuladores de caldecor,
ni naipes incompletos.
Ni cartas de amor.
No quiero rozar la pana
de aquel pantalón parcheado,
ni oler a Gota de Oro,
ni jugar,
porque siempre acabo despejando
el brillo argentino
del que encuentra la añoranza,
y entre desprecios y risas
me quedo pensando por qué
sigo guardando estas cosas
que llamo desamparadas
contigo entre todas ellas
gritando que ya no me quieres.

viernes, 20 de abril de 2012

CONSCIOUSNESS LIES



Hacía tiempo que el despertador andaba en el paro. La luz de la mañana desayunaba en la cama con brutal confianza y entonces se dio cuenta de que estaba sola. Apoyando las manos sobre el colchón logró incorporarse. Con ellas consiguió sacar las piernas de entre las sábanas y posarlas sobre las zapatillas. Su cuerpo presentó quejas al ponerse de pie pero la boca permaneció cerrada. Alcanzó el baño y se lavó la cara en el lavabo. Se miró en el espejo con resignación pero sin llorar. Agarró unas horquillas y tras abrirlas con los dientes las enlazó en su pelo color de luna, dejando el rostro despejado y lleno de surcos como la corteza de un alcornoque.
Salió valiente. Se presentó en el salón y allí estaba él. Perfectamente vestido, perfumado y peinado como si fuera domingo. Sosteniendo el periódico con ambas manos, alzó la mirada por encima de sus gafas de leer.
-       Buenos días, preciosa.
Sobre la mesa reinaba una rosa bermellón en un vaso alto con dos dedos de agua. Sobre el mantel blanco un plato con un par de rebanadas de pan tostado colocadas con cuidado. Delante, una taza de leche, un sobre de café descafeinado y el tarro del azúcar semiabierto por culpa de una cucharilla que asomaba curiosa. A la izquierda del plato, un bote de mantequilla sin sal y un par de servilletas de papel. A la derecha, un cuchillo de punta redonda.
Soltó el periódico sobre el sofá y se levantó con lentitud pero sin temblor. Se acercó a ella y la abrazó con cariño, dejándole en la mejilla una traca de besos silenciosos. Ella lo recibió con los brazos caídos y ante la insistencia de él, posó las manos sobre sus caderas y regaló un beso suave. Lo apartó de sí con delicadeza.
Después caminó con cuidado hasta la mesa. Arrastró la silla que gritó desagradablemente como un violín desafinado. Se sentó y desayunó como quién no tiene ninguna prisa ya por nada. Y era verdad. Buscó las pastillas con la mirada, pero no estaban sobre la mesa. Miró hacia el sofá y él no estaba. Giraba su cuerpo al otro lado cuando se encontró con una mano tendida y dos cápsulas en ellas. Levantó la mirada y allí estaba él sonriendo y pasándole una caricia lisonjera por la espalda. Las tomó.
Se vistió sin exigencia y en cuestión media hora ambos caminaban por el paseo marítimo. El océano murmuraba sin violencia aquel día. Caminaban al paso que ella alcanzaba a dar, cogidos de la mano. Él le hablaba de tiempos pretéritos, de familiares desaparecidos y amigos olvidados. Ella intentaba retener un segundo de brisa marina. Cerraba los ojos. Él tiraba de anécdotas recicladas que ya no rescataban ninguna sonrisa dormida. Ella abrazaba en su oído el crepitar de las olas en la orilla.
Se sentaron en un banco de hormigón, tan malcarado como incómodo. Él se levantó. Ella respiró hondo y ni siquiera miró a dónde iba. Apareció por detrás con una rosa blanca en los dedos.
- No debiste arrancarla. Morirá. – dijo ella-.
- Lo hará en tus manos o en tu pelo. Me perdonará, si no lo ha hecho ya. – contestó él -.
Ella no pudo contener una leve sonrisa y lo miró con cariño.
- Ven. - Le dijo –
Él se agachó con torpeza y ella lo abrazó agradecida. No duró mucho pero lo suficiente como para inflar unos pulmones ancianos y afectivos.
- Ayúdame a levantarme. –pidió -.
Él la ayudó y continuaron caminando. Ella sonreía mientras él seguía con su conversación, saltando de un tema a otro e intercalando bromas que asediaban su nostalgia y la herían de risas irremediables. Se pararon en un bar y degustaron algo de pescado y marisco. Él tomó vino y ella agua. Después volvieron a casa. Ella volvió a recobrar el silencio. En un momento del paseo ella perdió el equilibrio, pero él aguantó con fuerza todo su peso y el suelo apenas pareció alzarse ni el cielo descendió lo más mínimo. Ella pidió perdón y él la excusó culpando las irregularidades del enlozado y la indolencia consistorial.
Llegaron a casa. Él encendió el televisor y se sentó frente a él. Ella se sentó en una silla acusando molestias en todas las articulaciones de su osamenta. Abrió una revista y se quedó mirando una foto en la que una chica popular bailaba en aparente estado de embriaguez. El titular la descalificaba. Empezó a pensar en su adolescencia, en su juventud. Se acordó de su madre y también de su hermana. Lo miró. Él parecía divertirse con la televisión. Entonces ella repasó su vida entera en un minuto, como si estuviese a punto de morir. Se vio de nuevo en el punto inicial del día. El corazón empezó a latir con fervor y sintió aridez en los labios y la lengua. Se levantó de golpe.
Él la miró con estupor en los ojos. También se levantó pero despacio, sin apartar ni un segundo su mirada de los ojos de ella, sin pestañear. Entonces ella abrió la boca:

-       Te odio. Te odio más de lo que te haya podido querer nunca. Te odio por quererme tanto, por obligarme a quererte con tanto abrazo y tanto beso de mierda. Te odio por conocerme, por averiguar lo que me gustaba y hacer tanto por dármelo. Yo no quería esto, esta vida asquerosa, esta vida perfecta. Yo quería vivir sola, vivir mi vida. Haber hecho lo que me saliera del coño. Haber sufrido, sufrido mucho y que las cosas fueran difíciles y pensar en lo injusta que es la vida, y viajar y follar con muchos hombres, ¡joder! Te odio por vencerme. Por conseguir que me quedara contigo, por hacerme feliz, feliz a tu manera y no a la mía. Te odio por quererme tanto. Tanto que consiguieras que acabara queriéndote. ¡Te odio por ello! ¡Te odio!

Miró un marco con una foto de sus hijos y lo golpeó con violencia, estrellándose contra el piso.

-       ¡Y no quería ser madre! ¡Nunca soñé serlo! Te odio, ¡joder! y nunca te voy a perdonar lo que me has hecho. Óyeme bien, ¡Nunca! ¡Me has arruinado la vida! ¡Te odio!

Se echó las manos en la cara aunque sin conseguir contener la catarata de lágrimas que ya descendía desbocada. El lamento en su garganta ya era una estampida de ñúes  imposibles de contener. Las manos temblaban sin permiso. Los labios se disparaban.

Él se acercó y la abrazó para siempre.

viernes, 16 de marzo de 2012

DESPIERTA

Imaginad por un momento: Estáis en un hospital, sentados a la orilla de una cama en la que yace, luchando entre la vida y la muerte, el ser que más queráis en este mundo. Su cerebro se mantiene en coma. Unos aparatos lo/la mantienen con vida. El televisor encendido pero muteado muestra imágenes de una guerra. Salís un instante al pasillo y un toro bravo galopa creando pavor. Todo se presenta en cámara lenta. La gente corre. Batas verdes. Las bocas abiertas y las gargantas inflamadas pero tú no oyes absolutamente nada. Vuelves a la habitación. La persiana deja entrar demasiada luz. Te acercas y vislumbras que en el exterior el mundo ha perdido el color y todo se difumina entre el blanco, el negro y una lúgubre gama de grises mientras un tornado arrasa casas, coches y todo lo que encuentra a su paso. Bajas definitivamente la persiana y recuperas tu asiento al borde la cama. Le coges la mano e inclinas tu cabeza sobre ella. Entonces suena esta canción.


video

sábado, 4 de febrero de 2012

JORGE LUIS BORGES

Hay personas que no debieran morirse nunca. Éste es el caso de Borges. Un hombre rebosante de sabiduría y bondad a partes iguales. Un hombre que no podía más que elevar el mundo desde su incomparable humildad. Un hombre que dio tanto a nuestra cultura y, por ende, a nuestra evolución que nos será imposible pagar la deuda. ¿Qué mal podría causar alguien tan generoso? ¿Por qué no ser eterno (de cuerpo presente, voz y prosa) entonces? He aquí uno de los mayores defectos de esta vida. Sea quién sea el que la creara, llámenlo azar, Dios, fuerza o lo que quieran, se equivocó. SE EQUIVOCÓ.