martes, 19 de febrero de 2013

SOMOS UNA PELUSA


La vida pende de un hilo. Esto es así desde el principio de los tiempos y poco ha cambiado. Si acaso, tal vez, nuestra conciencia de ello. Pensándolo un poco no tardaremos en darnos cuenta de que no somos más que una pelusa sobre una hoja de filodendro en plena selva suramericana, expuesta a la primera brisa que se nos cruce.
Posiblemente, si cuantificáramos los riesgos las diferencias serían mínimas. Diez arriba o abajo, diría yo. Lo que sí es evidente es que estos riesgos son distintos. Ahora no nos exponemos a que nos arrase una manada de mamuts o nos despedace un tiranosaurio, pero sí podemos ser atropellados por una Ford Transit o puede devorarnos cualquiera con dinero, poder y un poco de mala leche. Así es, tan triste como cierto. Nuestra vida es extremadamente frágil. No estoy siendo catastrofista, créanme. No hablo de la vida de un torero de Portugalete ni de la de un camello del Bronx, ni la de un miliciano israelí. Hablo de usted y de mí. Hablo de un joven circulando en dirección contraria por la A-49 en sentido Sevilla, hablo de una explosión de gas en Vizcaya, hablo del estrés, del cáncer, de un extraño virus incurable, del crimen, de una indigestión, de un desahucio,… todas ellas corrientes de aire que nos expulsan de nuestra hoja de filodendro con suma facilidad.
Nuestra vida pende de un hilo por mucho que nos cuidemos, a pesar de nuestra periódica visita al proctólogo, nuestros hábitos deportivos y nuestra magnífica dieta. El día menos pensado nos podemos ver con un ataque de ansiedad llegando a una clínica de urgencias pidiendo ayuda porque no encontramos un último hálito y no sabemos qué nos pasa. Nadie está exento de caer como una pelusa por muy bien que se nos vea. Os lo aseguro. No nos paramos mucho a pensar en ello y no me parece mal. Sería de locos. Nos obsesionaríamos y acabaríamos saliendo a la calle envueltos en caucho como si fuéramos aquel muñeco blanco de Michelín. No es eso. Pero no está mal que de vez en cuando nos demos cuenta y rememoremos aquel mito adolescente del “carpe diem”. Aprovecha el momento, sea lo que sea que estés haciendo, trabajando, cocinando, bañando a tus hijos o reclamando una factura. Haz aquello que estés haciendo… con ganas. Disfruta de ello. Inténtalo, al menos.
Yo voy a despertar a mi mujer un segundo y a decirle que la quiero y voy a besar la frente de mis hijos antes de irme a la cama, por si acaso, porque me apetece. Ustedes hagan lo que quieran, pobres pelusillas, pero háganlo, no esperen a mañana ni a su jubilación, por si alguien se ha dejado la ventana abierta.

5 comentarios:

niebla dijo...

Cuanta razón llevas...
Esta "pelusa" te agradece tu paso por su espacio.
Un saludo.

m.p.moreno dijo...

Una imagen vale más que mil palabras y esa imagen que has puesto simboliza perfectamente tu escrito.
Tu paso por mi blog ha permitido que conociera el tuyo y me ha gustado.
Un saludo.

Ligia dijo...

Totalmente de acuerdo con tus palabras, y cuantos más años cumples, más cerca de ver la pelusa diluída estamos... Abrazos

Paraíso Perdido dijo...

Tienes toda la razón,me gusta lo que he leído,pero volveré para hacerlo de nuevo,con mas calma y comentarte con mas criterio.

Un placer que te hayas pasado por mi blog y hayas dejado constancia de ello,no sabia lo de que tarda en cargar,te agradezco la información,trataré de solucionarlo para que cuando vuelvas no te pase lo mismo,gracias.

Un saludo.

NuriaLourdes dijo...

Hola Jesús, qué gusto conocerte. Tienes un blog muy bonito.
El post que nos dejas hoy es un poquito duro, pero algo tan real y del cual no podemos escapar.
Justo en las noticias de ayer, con mucha tristeza vi, que tres jóvenes murieron al estrellar su camioneta con un camión de carga que estaba estacionado en la carretera. Ellos venían de regreso a casa, apenas eran jovencitos. Lamentable de verdad.
Agradecerte la visita a mi casita bloguera y decirte que eres siempre bienvenido. Me alegra que hayas disfrutado de mi relato.
Saludos desde Perú.