domingo, 13 de octubre de 2013

VIVIMOS BAJO EL YUGO...



Vivimos bajo el yugo de su poder infinito. Nos presiona a su gusto como si fuera nuestro propio corazón, nuestro ritmo cardíaco. Juega con nosotros a que nos creamos que somos capaces de dominarlo, de manejarlo a nuestro antojo, pero bien sabe él, y también nosotros, que no es cierto; que acontece como las olas, la rotación del planeta, el movimiento de las placas tectónicas… con fuerza y sin permiso. Besamos y viene a decidir cuánto. Olvidamos y vuelve a traernos algo que no sea de ahora, ni sirva de nada. Corremos y ríe a carcajadas, que repican en todos los tiempos y civilizaciones, y es de nosotros, claro, lo de reírse, digo. Sabio como él solo, lleva en su agenda la eternidad y la noche. La muerte también la lleva. Tiene una mano grande y la otra chiquita y es absolutamente injusto como el ser humano. Así que da con una o con otra según le apetece. Y así vive a nuestra costa, por y para nosotros, también contra. Pero a veces, solo a veces, y cada vez menos según mi propia experiencia, se confía. Sí, a veces se confía y pasa por alto que el hombre es un ser poderoso. El más poderoso diría yo, aún a riesgo de polémicas deliciosas. Es, entonces, en ese descuido de certidumbre que lo agarramos bien por el gañote y lo estrangulamos. Apretamos los dedos hasta cerrar las manos y disfrutamos viendo su cuerpo inerte sobre la alfombra o el suelo, el sofá o la cama, el jardín o la calle, la orilla del mar o la ladera del monte. Es la fuerza que demostramos a veces los hombres (como sustantivo neutro, por supuesto) para conseguir rebelarnos contra todo este imperio dictatorial y opresor, contra todo cuanto se nos impone, sea lo que sea, venga de donde venga, por los siglos de los siglos. Es el momento aquel en el que paramos unos minutos y por fin conseguimos matar el tiempo.

2 comentarios:

Natalia H. Fontijn dijo...

Hola Jesús,devolviendo tu amable visita a mi Calle dele Eco. Me quede muy bien impresionada de este escrito de impactante final. Si no te importa, me quedo por aquí. Un abrazo.

Jesus Dominguez dijo...

Pues mira, Natalia, no solo no me importa, sino que te agradezco que te quedes y pasees por mi blog cuanto quieras. Es un honor.

Un abrazo