viernes, 3 de octubre de 2014

ERIC MOUSSAMBANI


Recuerdo perfectamente aquel día en el que Eric Moussambani saltó a las piscina en los juegos olímpicos de Sídney 2000. Nadie se imaginaba lo que estaba a punto de ocurrir. Lo que pasó fue, desde mi punto de vista, tremendamente admirable. Eric debía competir en los 100 metros libres invitado por la organización sin necesidad de alcanzar una marca mínima. Aquel buen hombre nunca había estado en una piscina olímpica. Llevaba a penas ocho meses entrenando en la piscina de un hotel en Guinea Ecuatorial. Un aljibe que medía poco más de veinte metros de largo. Así que cuando se acerco al borde del agua creyó que aquel recinto medía cien metros y que no tendría que volver. Pobre hombre. No empezó mal, a pesar de que su técnica distaba mucho de ser profesional, pero poco a poco fue perdiendo fuelle y acabó la prueba en 1 minuto y 52,72 segundos. “Los últimos quince metros han sido muy difíciles”, declaró. En esos mismos juegos el holandés Pieter Van den Hoogenband consiguió la plusmarca mundial del momento con 47,84 segundos. Menos de la mitad del tiempo que empleó Moussambani. El australiano Ian Thorpe tardó siete segundos menos en recorrer los doscientos metros. Imaginaos la estampa. Lo mejor fue la reacción del público, que se levantó de sus asientos y empezó a animar a aquel extraño deportista que, a pesar de todo, no cesó en su empeño de acabar la prueba. Moussambani alcanzó la fama internacional con su emotiva hazaña y se convirtió en un héroe en su país. Posteriormente, Eric, mejoró tanto su marca que llegó a clasificarse para los juegos de Atenas 2004 por derecho propio, aunque no participó por un problema con su visado.
Muchas veces nos sentimos como Eric Moussambani, nos parece que la piscina mide el doble de lo que mide realmente y los últimos quince metros se nos hacen dificilísimos. Sin embargo, no sabemos lo que nos espera si no acabamos la prueba. Puede que nos lleve el doble de tiempo que a otros acabar lo que emprendemos. Pero nunca debemos dejar de luchar por mantenernos a flote y finalizar aquello que decidimos comenzar un día, ya sea unos estudios, una novela, un documental,… o curar una herida.

Así que, ponte el bañador, el gorro y las gafas y lánzate a la piscina, y cuando creas que estás haciéndolo mal o que no puedes más oye como te anima la grada y sigue.


2 comentarios:

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La educación es el arma más poderosa que puedes

usar para cambiar el mundo.

Teléfono canal plus dijo...

Me encanta el blog!
Felicitaciones por cada publicacion!!
Es genial ser parte!
besos