viernes, 24 de enero de 2014

NUESTRA HISTORIA



La historia de la humanidad está llena de conflictos, guerras e invasiones que a algunos aún les escuece. No tiene mucho sentido asumir sufrimientos que no son de tu tiempo, es mi opinión. La historia se carga de rencores que no nos pertenecen y que se provocaron por intereses territoriales, pecuniarios, estratégicos… o qué se yo. Hechos que, de no dejarlos atrás, resueltos u olvidados, acaban por pesar demasiado. El hombre ha avanzado muchísimo en materias como la tecnología o la medicina, pero no consigue dar dos pasos seguidos sin tropezar o dar marcha atrás en lo relativo a lo social. Seguimos soportando enormes desigualdades no solo interculturalmente sino intraculturalmente. Seguimos reprochándonos actos que nunca vimos, ni pudimos sentir. Es increíble que aún no nos hayamos desprendidos de prejuicios baratos de banderas de colores y uniformes de camuflaje. Ni los españoles somos unos expoliadores, ni los alemanes unos nazis, ni los italianos unos imperialistas… Ni los de derecha son todos unos franquistas ni los de izquierdas son todos unos rojos. La historia está ahí y es, desde mi punto de vista, la mayor de nuestras verdades y la peor de nuestras mentiras. Todo cuanto ha acontecido nos ha llegado desde una interpretación de los hechos y, a su vez, nosotros hemos de interpretarlo con la subjetividad que llevamos dentro. La de nuestra propia esencia, la de nuestra educación y la de la influencia indefectible de nuestro entorno. Tú y yo tenemos nuestra propia historia, una historia cargada de conflictos, guerras e invasiones. Una historia que es tan verdad como mentira en cuanto la contamos uno u otro. Pero ¿sabes? Jamás habrá rencores insalvables entre nosotros, jamás habrá etiquetas que no estemos dispuestos a despegar ni colores que no se puedan teñir o lavar con lejía. Entre nosotros la historia será siempre un hermoso cuento que un día le contaremos a nuestros hijos sin más daño que el del paso de los años, sujeto, claro está, a diferentes interpretaciones. Nuestra historia, tengo la absoluta certeza, de que siempre dará pasos hacia delante.

domingo, 12 de enero de 2014

UNA DE CADA DÍA



Salió de la cafetería después de haber degustado una taza de capuccino caliente. Caminó pensando en los errores que había cometido en su vida. En aquellos que podía admitir, al menos. La cobardía de determinados momentos, la ferocidad de otros, la excelsa inocencia que derramó tantas veces…. Las personas somos complicadas, concluyó. Fue consciente de que hizo que todo fuera bastante más difícil de lo que posiblemente era. Que esperó a que ella le ofreciera aquello que necesitaba en lugar de pedirlo. Que negó lo que deseó tanto por culpa del orgullo y calló demasiado lo que sentía hasta llegar a ahogarse muchas veces. Así se pasó el tiempo, cediendo ante detalles cotidianos que marcaron el ritmo de sus relaciones humanas, y peleando por chiquilladas que, por uno u otro motivo, le ofendían. Se metió las manos en los bolsillos, levantó la barbilla y dejó que el fresco del mes de enero le bailara en la cara. No soy perfecto, se dijo a sí mismo. Sonrió y siguió caminando. Alcanzó la orilla del río, puso un pié en el agua y después el otro. Lo cruzó andando. Llegó a la puerta de un edificio de veinte plantas. Miró arriba. Trepó por la fachada hasta ascender al ático. Atravesó la pared y allí estaba ella. La mujer con la que había compartido media vida y con la que había roto su relación hacía más de un año. La miró a los ojos ante el estupor de ella y le pidió perdón. Después salió por la puerta, bajó por las escaleras y cruzó el río a nado en dirección inversa. Llegó a su casa vacía y se acostó solo, como cada noche, pero esta vez con una sonrisa en los labios.