jueves, 19 de mayo de 2016

Khaled y Sara


Khaled iba cada noche a la tienda del viejo Ahmad. Allí recogía los cartones y la basura generada y la llevaba a un vertedero a las afueras de Ghamam a cambio de una libra siria. Con el viejo Ahmad vivía su nieta Sara. Bella y tímida como una gota de rocío. Dulce como ella sola. Una de aquellas noches, Khaled entró a la tienda antes de llevarse las inmundicias para hablar con Ahmad. Entonces, vio a Sara con la hijab sobre los hombros y cepillándose el pelo. Una melena oscura como la noche cerrada y extensa como el desierto. Sara se percató de la presencia del chico, se cubrió el cabello apresuradamente y desapareció de inmediato. Pero Khaled ya estaba calado hasta el tuétano profundo. Khaled empezó a rondarla a la noche siguiente. La saludaba, le dedicaba piropos y la invitaba a conversar. Todo ello a espaldas de Ahmad. Así estuvo varias semanas sin recibir a cambio ni una mísera sonrisa. Ni una mirada. Khaled sabía que si el viejo se enteraba perdería toda oportunidad de enamorar a Sara y, de paso, la libra de cada noche. Un día Khaled oyó a un vecino referirse a la nieta de Ahmad como “la sorda”. Entonces lo entendió todo. Aquella noche, Khaled, antes de llevarse los desperdicios de la tienda, dejó escrito en la arena: “Me llamo Khaled” y se fue. Cuando regresó se acercó a su mensaje y encontró: “Lo sé. Yo Sara”. Así empezó una serie de mensajes escritos. Apenas una frase cada noche, no más. Todo hasta que un día estalló la maldita guerra. Un crimen. Un grito. Unos disparos. Una sirena. Unos motores. Un bombardeo. Khaled tiene que huir y acaba perdido en Turquía. Antes de marchar deja escrito un mensaje en la puerta de Sara: “Te quiero. Volveré”

Desde que empezara el conflicto sirio allá por marzo de 2011, se estima que han muerto más de 270.000 personas. Entre ellas no están Khaled ni Sara. Se cuenta más de un millón de heridos. Entre ellas tampoco están Khaled ni Sara. Se cree que existen unas 480.000 personas viviendo en estado de sitio según la ONU. Entre ellas está Sara. Además, ha generado una aterradora cifra de 4,7 millones de refugiados desplazados a países colindantes. Aquí contamos a Khaled. Busco en los datos que registra este conflicto y no veo por ningún sitio cuántos amores se han roto, cuántos hermanos se ha separado, cuántos abrazos se han perdido, cuántos amigos se han alejado…cuántos, cuántos, cuántos…

Pero la historia de Khaled y Sara no se cifra en datos. No sale en las noticias. No interesa a nadie.

Siria volverá a la resurgir, algún día, probablemente, pero ya nadie curará las historias perdidas, nadie leerá la respuesta dejada por Sara. Nadie. Nada. Nunca. Siria.

6 comentarios:

AMBAR dijo...

Muy triste, esta es la vida real, arrasa a su paso TODO.
No importa el dolor ni el amor, todo lo arrasa y sigue.
Nosotros damos vuelta en la noria de la vida, una, otra y otra vez.
Un buen fin de semana y un abrazo.
Ambar

Mª Teresa Sánchez Martín dijo...

Desgarradora, cruda, cruel, injusta, historia y realidad. Tienes razón, cuántas historias, cuantas vidas destrozadas, cuántos abrazos rotos que parecen no importarle a nadie.
Recientemente escribía versos heridos por la misma realidad desgarrada.
Saludos
Teresa.

Marissa Tamayo dijo...

Las guerras y el odio destruyen vidas,familias,amores y esperanzas.

Jesus Dominguez dijo...

Gracias por leerme, por seguirme y por comentar.

Un saludo

Micaela dijo...

Es horrible el tema de la guerra. Y sobre todo la sensación de no poder hacer nada respecto a esta situación, sólo esperar a que algún día todo se solucione. Un abrazo.

Telefono Amazon dijo...

Me encanta el blog!
Felicitaciones por cada publicacion!!
Es genial ser parte!
besos