viernes, 24 de agosto de 2018

NAVEGAR


Ha llegado el momento de apagar el motor, izar las velas y dejarse llevar. Dejar que las olas balanceen la nave y la gobiernen, disfrutar de la noche, la luz de la luna, la brisa que porta la esencia del mar. El viento resopla que quiere guiarte, llevarte muy lejos, hacerte bailar, enseñarte mundos que parecen nuevos, islas desconocidas, paraísos soñados, pero ha llegado el momento, decía, de tumbarse en la cubierta mirando al cielo, contemplar las estrellas, echarse a morir.
No se puede parar el tiempo, afortunadamente diría yo, pero sí que puedes cerrar los ojos, respirar profundo, recordar el tiempo pasado, sonreír por ello, degustar el instante presente, babear, vislumbrar el futuro, llorar de emoción.
Todo ello es posible, a pesar de la órbita de La Tierra, de la gravedad y los equinoccios, del carbono 14 y las brújulas. Las orillas siempre esperan, las que merecen la pena sí. Los piratas existen, y las gaviotas. El sol no es de nadie y, sin embargo, se te entrega cada día. Navegar es vivir, de cualquier manera, con rumbo fijo o luchando con la tormenta, a la deriva o remando a proa. Siguiendo a alguien o remolcado. Incluso atracado en el puerto de algunas pieles sin nombre se puede estar navegando sin saberlo. 
No todo es posible perdido en el océano pero las manos siempre estarán dispuestas a agarrar el timón cuando tú me lo pidas.

1 comentario:

Mi nombre es ... dijo...

Bonito texto.No navego ando por la tierra.
Un abrazo y feliz dia