lunes, 29 de noviembre de 2010

COMO UN SOBRE DE AZÚCAR SOBRE EL CAFÉ

Párate un segundo. Acércate a esa cafetería de la esquina que tanto te gusta. Pídete un café del mundo, devuelve el bote de sacarina y coge un sobre de azúcar.
Observa el color profundo de la taza y sobre la espuma vierte el sobre. Quédate observando esa isla blanca que se ha creado sobre el café.
Mira como esos diminutos granitos se independizan,
observa como uno a uno van desapareciendo bajo el color tostado.
Date cuenta de la lentitud con la que se hunden, parece que vaya a durar un siglo,
parece que haya que ayudarlos, incluso.
Pero no te precipites, observa.
Mira como todo se va acelerando, como, a medida que se acerca el final el hundimiento es más y más rápido. Ve como la isla nevada no es más que una mancha minúscula.
Queda poco. Los granos que aún quedan han perdido la esperanza. Se están dejando llevar al fondo del abismo, sin pelear siquiera, sin saber a dónde se les lleva. Se van.
Te has quemado las yemas de los dedos intentando atraparlos. Lo sé. Sácatelos de la boca y míralos. Están irritados y sucios. Agarra una servilleta y límpialos debidamente. No llores.
Recuerda que pediste la taza del café para disfrutar su aroma, su sabor, su textura. Coge la cucharilla y muévelo bien. Bebe. ¿Lo notas? Es una delicia ¿verdad?
¿Ya te has olvidado del azúcar? Bien hecho.
¿Entiendes lo que ha sucedido? Pues hazlo de vez en cuando. Y piensa.