lunes, 1 de octubre de 2012

A VECES LA VIDA... QUE DECÍA SERRAT

A veces uno se levanta sabiendo lo que tiene y sonríe. El día parece mejor de lo que es y uno es más fuerte y más alto. A veces basta con chasquear los dedos para que la casa se recoja sola y las luces se apaguen, se descorra la cortina y entre un sol maravilloso inundándolo todo, no de amarillo, sino de azul, casi blanco. Uno siente que ya no le duelen las piernas, ve mejor de lo que ve y las canas han desaparecido. A veces, y esto ocurre menos de lo deseado, se mueve uno con agilidad felina, coge el teléfono a la primera llamada y ésta porta una gran noticia. Va uno a tirar la basura, que desprende aromas marinos, y se cruza con la vecina que, coqueta ella, se atusa el pelo, y tiene hoy los senos mayores que ayer (esto va por Fernando) y los labios mordidos. El gato que habita en los contenedores lleva hoy pajarita de colores y nos guiña un ojo al paso frotando los cubiertos. Se vuelve uno sin querer ni poder evitar la sonrisa que le humedece las tetillas de las orejas y más que andar levita. La llave del portal se atina a la primera y resulta que la puerta no pesa un quintal sino que es ligera como las pestañas de mi hijo Lucas. A veces da gusto estar vivo, entrar por la ventana, vestirse del revés, trabarse la lengua, cantar… Mi hijo Jesús dice: La vida está difícil pero es bonita, y su tío Quino ríe y su abuela Loli babea y entonces alguien repite: ¿Cómo está la vida, Jesús? ¿Jesús?... La familia es un drago milenario o un bao-bab de aquellos de El Principito. La familia es algo grande que a veces a uno le alegra la vida por el mero hecho de existir y tenerla cerca. Yo estoy ahora haciendo la mía y eso, queramos o no, desplaza y crece y desplaza más. Mañana mis hijos harán la suya y yo esperaré al otro lado del teléfono una llamada cariñosa, harto de artrosis reumatoides y anemias afectivas y seguiré entendiendo y aprendiendo realidades presentes. Pero hoy tengo un día irrompible en las manos y me lo han regalado ellos, mi familia, teñido de recuerdos que nada tienen que ver con el sepia de las fotos antiguas. Mis hermanos son mis hermanos y lo serán siempre. Mis padres mis héroes aunque no sean inmortales. A veces, mi mujer es la mujer más increíble sobre la faz de la tierra, mi casa un palacio, mis manos poetas y mis hijos los dueños del mundo. A veces, solo esto último es verdad y yo me acuesto queriendo tener más tiempo para estar con ellos. A veces estoy joven y quiero salir corriendo y pegarle duro a la pelota, otra vez. A veces pienso que todo es tan milagroso a nuestro alrededor que es imposible darse cuenta y no ser feliz. Espero ser capaz de hacerles entender a mis hijos, algún día, todo este batiburrillo de ideas, sin que piensen que su padre es un pobre loco… sin que se den cuenta, quiero decir.