viernes, 19 de septiembre de 2008

JOSÉ ZORRILLA

José Zorrilla, autor de Don Juan Tenorio, se instaló durante un breve lapso de tiempo en un pueblecito a las afueras de Madrid para terminar de escribir una función que traía entre manos. El caso es que paseaba a menudo por los campos de aquella localidad sin tratar con nadie. Así que empezó a despertar suspicacias entre los vecinos del municipio, que ya lo consideraban prácticamente un ermitaño.
Una mañana, el cartero se dirigió a casa de Zorrilla para entregar el correo, y como encontrara una de las cartas abierta, la leyó. La misiva comenzaba así: "Querido José: soy de la opinión de que no debes envenenar al alcalde, bastará con un narcótico".
Muy asustado, el funcionario corrió a avisar a las autoridades. Los alguaciles no tardaron en presentarse en el domicilio del dramaturgo y el pueblo se aglutinaba en la puerta dispuesto a linchar al presunto conspirador.
A Don José Zorrilla le costó mucho convencer a aquella gente de que el alcalde del cual hablaba la carta no era el regidor del pueblo…, sino uno de los personajes de la obra de teatro que estaba terminando, llamada El alcalde Ronquillo.
Zorrilla había pedido consejo a un amigo médico sobre el desenlace de la obra. Y a esta razón respondía la misiva.

jueves, 11 de septiembre de 2008

AQUEL DÍA


Y se murieron los ladrillos y las piedras.
Los cristales más opacos
perdieron así la vida.
Trozos de hierro desangrados
por los cielos inertes,
y suelos yermos
y enterrados.
Plásticos que no respiraron nunca
no lo hicieron aquel día,
y una nube de polvo
corrió por todas partes
como un rumor pretensioso
con gritos inanimados
y llamadas de despedida.
Todo lo que nunca estuvo vivo…
se murió todo aquel día.