lunes, 1 de abril de 2013

LA EDAD



Caminaba como si un andamio hubiera cobrado vida. Claro que, portaba ocho décadas en el dni. Bien acicalado, con unos jeans gastados, una camisa clara y jersey con cuello de pico de color azul índigo. En su cabeza una mascota azabache de Maquedano. Arrastraba su historia por la suela de los zapatos, sosteniendo las dudas de sus remos sobre un bastón de roble. Atravesó el parque hasta llegar a aquel ajado banco de metal oxidado, desplegó con cuidado una hoja de periódico que extrajo de su bolsillo y tras dar la vuelta como si fuera un helicóptero de madera se sentó.
Se descubrió la mollera y se tocó el pelo argentado. Después se repasó las rodillas que le habían dado guerra casi desde que era un zagal. Nunca creyó que le aguantaran tanto, pero ahí estaban. Se miró las manos, sonrió al ver la despigmentación de la piel, la hinchazón de las muñecas, la artrosis de los nudos entre las falanges. Se paró a pensar en las visibles grietas. Imaginó a un ser diminuto en el dorso de sus manos sosteniendo a un mulo indómito tirando de un arado. Se humedeció los labios y se reclinó para ampliar la perspectiva de lo que parecía un bonito día. El cielo despejado, el aire fresco, el parque límpido y silencioso. Respiró hondo. Pensó entonces que nunca volvió a Roma con ella a pesar de los veinte céntimos de la Fontana di Trevi. Tampoco llegó a ir con su amigo a hacerse un traje a medida en Rico Sardelli. No se compró un volkswagen sedán. No marcó un gol en un mundial. No ganó un grammy. No terminó aquella novela que empezó. No aprendió alemán ni a tocar la guitarra. Nunca leyó El Quijote por completo. No se acostó con Beyoncé.
Pensó entonces en los motivos de su inquebrantable felicidad. Esa felicidad que le había acompañado toda la vida. Recordó que alguien le dijo que con suerte uno podría leer a lo largo de su vida unos mil libros, y eso hablando de un lector persistente. Por tanto, había que seleccionar muy bien lo que uno se echaba al alma, que es lugar a donde van las lecturas. Recapacitó sobre cuántas cosas había sacrificado por tener la vida que tuvo. Cuántos caminos dejó de explorar por continuar por aquel que creyó correcto, a veces no para sí mismo sino para los suyos. Cuántos libros dejó sobre las estanterías y repisas del universo sin tocarlos u olerlos, al menos.
Cada veintiocho de Junio de acercaba a aquel parque para recordar a su esposa. Hacía cinco años que ella se había marchado, abandonando el único mundo existente. Él no la lloró nunca  porque todo cuanto hicieron fue bien intencionado. Se quisieron con la mayor complicidad posible y siempre se dijeron la verdad.
Intuitivamente miró a la derecha y vio venir a su hijo Jesús haciéndole carantoñas a un bebé que traía en brazos, junto a él su hermosa mujer empujando un carro en el que viaja dormido el mayor de los hijos.
Inevitablemente se le humedecen los ojos, antes de mirar al otro lado y ver como se acerca el menor de sus hijos, Lucas. Solo, con una enorme sonrisa en los labios y un porte inigualablemente seguro.
Cuando todos convergen delante suya se saludan con incalculable afecto y él ya no puede sostener las lágrimas.
- ¿Qué te pasa, Papá? – pregunta Jesús mientras Lucas le pone la mano en el hombro.
- Nada, nada… - dice mientras intenta levantarse – que elegí bien los libros, hijos, que elegí bien los libros.

9 comentarios:

Angie Sevilla dijo...

Me ha gustado mucho la descripción: bien construida, llena de matices y suaves colores.

Se me antoja pensar que los libros que elegimos leer a lo largo de nuestra vida son como los caminos que decidimos tomar en ella, algunos apenas si los recordamos por cortos o insulsos y otros resultan marcarnos a fuego para siempre. Y la magia de ello, como cuando acariciamos las tapas de un libro aún sin abrir, está precisamente en no saberlo hasta que no se ha andado un buen trecho.

A veces el camino que a priori se nos presenta como aquellas almas desbandadas que van avanzando por el mundo sin pena ni gloria, se nos revela como el más maravilloso viaje de aventuras jamás imaginado... igual que un libro, igual que el libro que al principio parecía un tostón y resultó contar una historia apasionante.

Es complicado elegir buenos libros y elegir buenos caminos. Elegir siempre es complicado, sobre todo, porque uno nunca sabe qué escondía el libro o el camino descartado. Sólo hay una cosa capaz de mitigar esa sensación de incertidumbre que deja cualquier elección... echar la vista atrás y que nos guste lo que hay... siempre pensé que lo peor que nos puede pasar en la vida es llegar a la vejez, echar la vista atrás para observar con perspectiva el largo camino andado durante años y darte cuenta de que uno no ha sido feliz.

Por otro lado, me sorprendió que lo dieras tintes autobiográficos, supongo que porque a mi me da cierto miedo imaginarme mi futuro, por lo que son más "de ficción" en ese sentido.

En definitiva, que vaya charla he soltado en un momento, jajaja... Que me ha gustado mucho tu escrito, por cómo está escrito y por cómo tus palabras me han invitado a la reflexión.

Y por ponerte un pero, que me atrevo a hacerlo porque sé que lo agradeces, decirte que me resulta bastante chocante que durante todo el texto estés hablando en pasado y de repente, en la parte final, pases a hacerlo en presente. Yo lo cambiaría.

Por lo demás, felicitaciones, sigue compartiendo con los demás tu escritura, porque siempre es un gusto leerla.

Un beso. Angie.

(siento haberme extendido tanto, es que su lectura me inspiró, ejeje..)

Angie Sevilla dijo...

quise decir: "por lo que soy más de ficción en ese sentido".

Paraíso Perdido dijo...

No se que más podría aportar...tan entretenida y emotiva la historia que me llego muy dentro,un placer leerte.

Besos.

Jesus Dominguez dijo...

Muchas gracias, Angie. Muy acertada la puntuación.

Un abrazo

Jesus Dominguez dijo...

Gracias, Paraíso, llegar a conectar con una buena lectora era la mayor de mis ambiciones.

Un abrazo

karras dijo...

Que grande Jesús. A mi también se me han humedecido los ojos al leer tan bello relato. Solo espero que en mi recta final tenga la misma suerte que tu protagonista. Abrzos.

ALBORADA dijo...

Un relato preciso y con una carga de emotividad que sin temor a equivocarme que sin temor a equivocarme a más de uno le deja un nudito en la garganta.

Es tan importante escoger bien los libros...

Mi fraterno saludo y gracias por pasar por mi casita.

Cristina dijo...

Emocionante relato, creo que la vida le regaló también un bello libro por terminar de escribir.
Un placer leerte, te dejo un abrazo.

Marina Fligueira dijo...

Pues Si Jesús, una vida larga, es una carrera universitaria! Un libro abierto que, sólo algunos hijos se interesan por leerlo.

Me ha encantado pasar por tu espacio y leer este precioso relato un algo melancólico que me parece un tanto personal.
Gracias por compartir tus letras.
Te dejo un besote y mi estima.
Se muy feliz.