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EL ASEDIO A LOS COLORES

*Pintura obra de Manuel León. Habría que echarse a la calle para denunciar el asedio que están sufriendo los colores. Habría que manifestarse contra el hostigamiento a los mismos. Tal vez esté en ello el mal de todos los males. Tal vez se encuentre inmerso en esta cacería silenciosa el motivo de toda ira. Lo cierto y verdad, como decía mi madre, es que salgo a la calle y los coches grises, blancos y negros dominan el asfalto oscuro. Los jóvenes se disfrazan de blancos puros, de negros tristes, de tonos sepias de películas antiguas. Los armarios sufren la dictadura de la neutralidad más absoluta. Las cocinas no arriesgan a asomarse al balcón de las pupilas excitadas. La naturaleza huye de las ciudades, las primaveras hibernan. El cine ofrece una bola negra y Lorca se retuerce cantando al verde que te quiero verde, al rojo de Bodas de sangre, mientras el amarillo del albero se mancha sobre un traje de luces a las cinco de la tarde. Todo cuanto nos rodea se apaga de alguna manera. Tal ...

EL PAJARILLO


Delante de mi casa, cada mañana, un pajarillo se posa sobre mi cancela. Lo miro a través de mi ventana y la luz que atraviesa el cristal distorsiona el verdor de sus plumas primarias, la aurea altanería de su penacho florido, la caída elegante de sus plumas caudales. Se que le gusta jugar conmigo. Se que sabe cuando lo miro. Se que sabe que cree que me tiene. Se que no piensa que pueda dejar un día de asomarme a verlo. Así que, con irrespetuoso descaro, se posa cada vez que puede en la cancela de mi vecino. Y él sale insolente y bravo a regar su fructuoso jardín de flores. Lo mira de reojos con sus ojos seductores y no ve en el pajarillo su rabadilla creciente, ni su corona rizada, ni sus claras plumas escapulares. Termina de alimentar su ego de jardinero discontinuo y se esconde de nuevo, dejando a mi pajarillo ávido de deseo. Durante un par de días siempre, después de este episodio, el pajarillo desaparece. Y cada vez que se repite se rompe un poco el cristal de mi ventana. A pesar de ello, yo me asomo cada mañana esperando su regreso y al no verlo recupero mi vida íntima y solitaria. Luego, cuando aparece, me quedo observándolo y vuelvo a encontrar en él bellezas irrepetibles. Sé que un día dejaré de admirarlo y saldré a la puerta y lo miraré sin cristal traslúcido de por medio y entonces daré un tiro al aire para espantarlo y se irá a casa de mi vecino a mendigar miradas de afecto que nunca serán recibidas.
El cielo se llenará de pájaros una mañana. Las cancelas de mi calle las derribará el viento. Los cristales de todas las ventanas saltarán por los aires y yo pasearé entonces en mitad del vendaval sin saber a dónde ir pero con una sonrisa indeleble.

Comentarios

Marissa Tamayo ha dicho que…
Hola Jesús,
Linda narración. A mí también me fascinan los pajarillos y otros plumíferos. Vivo rodeada de bosques y de pájaros de todo tipo, los cuales me arrancan sonrisas y ensoñaciones. La Naturaleza es la fuente de mis gozos. Un abrazo y sigue escribiendo, poeta!!..

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