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DYLAN Y LEXIE

(Basado en hechos reales) Dylan Corliss se acurrucaba junto a su novia, Lexie Varga, bajo una marquesina de la cafetería de la avenida principal de Claremont, California. Entre cariñosos besos y confidencias jocosas se resguardaban de la clásica tormenta de verano de aquel agosto de 2015. La hora de llegar a casa se echaba encima y la tormenta no arreciaba. Así que, entre miradas cómplices y risas nerviosas, saltaron a la calzada juntos, cogidos de la mano y gritando festivamente. Los truenos amenazaban, los relámpagos advertían y el agua los embriagaba. El viento los sacudía como si fueran de papel, pero ellos avanzaban contra todos los elementos gritando y riendo sin control, sin soltarse el uno del otro. Apenas en mitad de la avenida, lejos de alcanzar ni pretender refugio alguno, fueron alcanzados por un rayo que impactó directamente sobre la cabeza de él y salió de inmediato por los pies de ella. Los dos cayeron desplomados en el suelo. Cuando llegaron las emergencias hallaron ...

CRISIS



Atasco en la SE-30,
insultos que atraviesan

ventanas de papel.
Palabras con fusiles
de ojos irritados
y dedos que estrangulan
volantes que parecen
labrados de manteca.

El viento sopla en contra
Y no deja avanzar
Paraguas en “i griega”
en manos de un anciano
tirado por los suelos.

Un grito hierve entrañas
y asciende por la traquea,
pero no encuentra fuga
para ser grito de veras
y apenas queda aire
en mis pulmones menguados.

Inflado el pecho rompe
costillas opresoras
en un intento inútil
de recobrar el aliento.
Y el alma no me cabe,
como ascensor rebosante
de personas obesas.

La vista cenicienta
de cruces florecientes.
Cunetas enlutadas,
cadáveres caninos
ausentes al sentido
viciado de costumbre.
Los músculos se tensan.
disparan los tejidos.

Estallan los airbags
internos del organismo.
Ascienden los niveles
de tóxico y venenos
y el corazón se atraganta
y la garganta clausura.
Se cierran las cortinas.
Se acaba la función.

Y tú sabes muy bien
lo que te estoy contando,
lector inoportuno,
también tu avara muerte
vendrá luciendo el sello
del siglo XXI.

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