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DYLAN Y LEXIE

(Basado en hechos reales) Dylan Corliss se acurrucaba junto a su novia, Lexie Varga, bajo una marquesina de la cafetería de la avenida principal de Claremont, California. Entre cariñosos besos y confidencias jocosas se resguardaban de la clásica tormenta de verano de aquel agosto de 2015. La hora de llegar a casa se echaba encima y la tormenta no arreciaba. Así que, entre miradas cómplices y risas nerviosas, saltaron a la calzada juntos, cogidos de la mano y gritando festivamente. Los truenos amenazaban, los relámpagos advertían y el agua los embriagaba. El viento los sacudía como si fueran de papel, pero ellos avanzaban contra todos los elementos gritando y riendo sin control, sin soltarse el uno del otro. Apenas en mitad de la avenida, lejos de alcanzar ni pretender refugio alguno, fueron alcanzados por un rayo que impactó directamente sobre la cabeza de él y salió de inmediato por los pies de ella. Los dos cayeron desplomados en el suelo. Cuando llegaron las emergencias hallaron los dos cuerpos derramados en el asfalto y, sorprendentemente, aún con vida. Ambos salieron de aquel envite ilesos, con apenas dolores musculares y cicatrices leves. Los médicos explicaron que el gesto de estar tomados de la mano pudo haber ayudado a que la corriente se dividiera entre ambos, reduciendo el daño individual y permitiéndoles sobrevivir al impacto. Si el rayo hubiese pasado enteramente por el cuerpo de uno de ellos (de una mano a un pie, por ejemplo), la energía sería mucho mayor y el daño muy severo. En este caso, la descarga parece ser que debió pasar a través de los dos suavizando su efecto (dispersando parte de la energía al dividirla). Sí, así, tal cual. Yo creo que los salvó el amor. Sin más. A veces la vida te embiste, te azota, y arremete contra ti con todas sus fuerzas, con toda su energía eléctrica, plástica, automática. Y cuando eso llega, es importante tener a quién coger de la mano y saltar, gritar, reír y avanzar, seguir adelante. Esa persona que nos sostiene y a quien sostener. Esa fuerza que nos multiplica y nos convierte en indestructible, sea lo que sea aquello que nos asalte, incluso la fuerza imponderable de la naturaleza. Por eso creo que a Dylan y Lexie los salvó el amor. Y a quien no lo crea… que lo parta un rayo.

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