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LA TRINCHERA

Ayer me llegó un pequeño vídeo que me dejó muy tocado. El vídeo duraba apenas unos segundos. Estaba grabado desde una pequeña trinchera en el norte de Ucrania. No era una de esas trincheras de las películas de Oliver Stone, en las que los soldados van de un lado a otro medio encorvados para no ser blanco fácil al enemigo. No, era un agujero en medio de un terreno boscoso, de un metro cúbico, no más. La tierra húmeda, los bordes verdes, el cielo celeste. En él se hallaba inmerso un único hombre, grabando sin enfocarse y manteniendo silencio. Se oían truenos alrededor, a pesar del cielo despejado. Cada diez o quince segundos se manifestaba un susurro oscuro, como un gruñido silbante emitido con la voz grave de la muerte, que desembocaba en un golpe seco sobre la tierra. Un golpe brutal como si un titán acabara de desplomarse en mitad del campo de batalla. El hoyo se estremecía con violencia como un seísmo de magnitud infernal. La imagen tiritaba descontrolada. El miedo lo invadía todo. ...

LA FE


Acabo de colgar el teléfono. He estado conversando con un amigo al que siempre acabo escuchándolo hablar de religión. Me fascina la pasión con la que defiende su doctrina, su visión moderna del sentido religioso y sus deberes. Hoy se ha concentrado en defender la fe como algo divino. Lo poco que he dicho a mi interlocutor es que hace mucho que no tengo fe en Dios. Que mi educación y la cultura socioambiental me mantienen en una especie de purgatorio, en una tierra de nadie, de razonar la lógica negación y sentir la duda. He ahí la clave, me dijo, razonar frente a sentir. Y volvió a explicarme los poderes y argumentos de la fe cristiana. En esta segunda explicación llegué a la conclusión de que mi fe está absolutamente viva, aunque no exactamente en Dios. Un día me enamoré, no acierto a decir cuando. Y ella también se enamoró, probablemente en días distintos.
Y desde entonces ambos creímos ciegamente en el otro. Me contó su vida y la di por cierta. Le conté la mía y la creyó. Le dije lo que sentía y entonces lo sintió conmigo. Me dijo que la siguiera y lo hice. Nos dimos la mano y luego los labios y después todo lo demás. Todo, absolutamente todo cuanto tuvimos fue abandonado en un puñado de ropa. Y tocamos el cielo. No necesitamos nada más que el uno al otro. Nadie ni nada obligó a aquellos dos extraños a quererse para siempre. Para siempre es cada día, por supuesto. Ya hemos caminado mucho por el desierto. Hemos esquivado tentaciones, sin duda. Hemos sufrido el dedo acusador y hemos amagado con tirar la primera piedra. También hemos realizado varios milagros, se me ocurren dos ahora mismo. Y aún hoy, varios años después de la primera aparición, cuando sale de casa se que volverá, aunque no tiene por qué y es libre de no hacerlo. Y aún hoy, cuando salgo de casa, solo pienso en volver.

Si eso no es fe y sentido religioso… que venga Dios y lo vea.

Comentarios

telefono Frigosa ha dicho que…
Muchas gracias!!!
es Divino el blog y cada publicacion!!!
Soy fans de este blog, siempre lo leo!
Felicitaciones!!!
abrazo

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