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LA TRINCHERA

Ayer me llegó un pequeño vídeo que me dejó muy tocado. El vídeo duraba apenas unos segundos. Estaba grabado desde una pequeña trinchera en el norte de Ucrania. No era una de esas trincheras de las películas de Oliver Stone, en las que los soldados van de un lado a otro medio encorvados para no ser blanco fácil al enemigo. No, era un agujero en medio de un terreno boscoso, de un metro cúbico, no más. La tierra húmeda, los bordes verdes, el cielo celeste. En él se hallaba inmerso un único hombre, grabando sin enfocarse y manteniendo silencio. Se oían truenos alrededor, a pesar del cielo despejado. Cada diez o quince segundos se manifestaba un susurro oscuro, como un gruñido silbante emitido con la voz grave de la muerte, que desembocaba en un golpe seco sobre la tierra. Un golpe brutal como si un titán acabara de desplomarse en mitad del campo de batalla. El hoyo se estremecía con violencia como un seísmo de magnitud infernal. La imagen tiritaba descontrolada. El miedo lo invadía todo. ...

PEDRO Y SU FE


Pedro era huérfano, no creía en Dios, ni creía en la iglesia, pero estaba católicamente bautizado. Hizo la comunión y siempre recordó la recepción de regalos como uno de los momentos más grandes de su infancia. En plena adolescencia se confirmó en la fe, sin creer en nada y por inercia social, con su gran amigo Pablo y la chica de sus sueños. Más tarde se casó en la iglesia de su pueblo con honores, emocionado y feliz, viendo a su madre radiante y orgullosa. Después de un desgraciado accidente llegó moribundo a la cama de un hospital y, a petición de su madre, recibió los santos óleos por el Padre Miguel. Tuvo un sepelio evidentemente religioso y una vez cerrado el nicho en el cementerio municipal, todos los que acompañaron su féretro rezaron al unísono un “Padre Nuestro”. Entonces Pedro abrió los ojos. Se dio cuenta de dónde estaba y gritó. Gritó tanto que los que allí se encontraban lo oyeron y, prestos, derribaron el nicho y abrieron el ataúd. Allí estaba Pedro, con los ojos abiertos, el pecho inflado, la venas del cuello palpitantes, la frente sudorosa. Se incorporó y ante las caras de asombro de sus allegados y algún que otro desmayo pronunció:

-       ¡Qué no me he confesado!

El Padre Miguel pidió a todos que salieran de allí, que los dejaran a solas. Se acercó a él, le marcó la frente con la señal de la santa cruz con la yema de su dedo pulgar, y le dijo:
-       Ave María Purísima

Cuando hubieron terminado Pedro murió de nuevo, esta vez sí, con su conciencia tranquila.
Ahora Pedro es San Pedro, Patrón de su pueblo. Su casa, la de su madre, donde él se crió, recibe cada año a varios miles de fieles peregrinos; y una imagen suya, tallada en madera de cerezo, recorre cada mes de Mayo, en procesión, las calles adoquinadas de su pueblo querido.

Dicen que Pedro ve todo lo que hacen en su honor desde lo alto del cielo, asomado en una nube y un poco desconcertado. También dicen que Pedro sigue sin creer en Dios ni en la iglesia.

Amén.

Comentarios

Unknown ha dicho que…
Pobre Pedro,sin ser consciente hizo leyenda y dio de comer a su pueblo.
Me ha gustado mucho.
Jesus Dominguez ha dicho que…
Gracias por visitar mi espacio y comentar. Pasaré por el tuyo.

Un abrazo.
Abuela Ciber ha dicho que…
Lao sufrio un fuerte accidente en su blog su hija lo explica
Cariños
Aliexpress telefono ha dicho que…
Me encanta el blog!
Felicitaciones por cada publicacion!!
Es genial ser parte!
besos
mari paz ha dicho que…
Hola mi cariño, soy la tita Mari Paz, de vez en cuando leo tu blog y me llena de asombro tu capacidad para estos pequeños relatos, me encantan la mayoría, otros no los acabo de entender, seguro que mi capacidad intelectual no me llega para ellos. Besitos muy fuerte para ti y los tuyos.

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