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EL ASEDIO A LOS COLORES

*Pintura obra de Manuel León. Habría que echarse a la calle para denunciar el asedio que están sufriendo los colores. Habría que manifestarse contra el hostigamiento a los mismos. Tal vez esté en ello el mal de todos los males. Tal vez se encuentre inmerso en esta cacería silenciosa el motivo de toda ira. Lo cierto y verdad, como decía mi madre, es que salgo a la calle y los coches grises, blancos y negros dominan el asfalto oscuro. Los jóvenes se disfrazan de blancos puros, de negros tristes, de tonos sepias de películas antiguas. Los armarios sufren la dictadura de la neutralidad más absoluta. Las cocinas no arriesgan a asomarse al balcón de las pupilas excitadas. La naturaleza huye de las ciudades, las primaveras hibernan. El cine ofrece una bola negra y Lorca se retuerce cantando al verde que te quiero verde, al rojo de Bodas de sangre, mientras el amarillo del albero se mancha sobre un traje de luces a las cinco de la tarde. Todo cuanto nos rodea se apaga de alguna manera. Tal ...

LO INCONCLUSO


Desde el siempre interesante muro de Concha Caballero contemplo una recreación digital de La Sagrada Familia de Gaudí finalizada. Una consumación informática de esta obra que el gran artista catalán no pudo acabar. Entonces no he podido evitar pensar en lo inconcluso. Lo perturbador de todo aquello que se nos queda a medias, como aquel “Prisionero despertando” de Miguel Ángel. Lo que dejamos a un lado, sabiendo que no le hemos extraído todo cuánto lleva, nos persigue toda la vida. Aquel proyecto que abandonamos por falta de presupuesto, aquella novela que no conseguimos continuar por escasez de tiempo o aquel romance que cesó porque ella o él se fue o alguien o algo nos obligó a dejarlo. Esas historia nos visitan por la noche como un fantasma atrapado en un palacete decimonónico. Hacen crujir los artesonados, percuten las paredes y tumban los retratos cuando la madrugada se nos desvela y pensamos en qué hubiera podido pasar si ella no se hubiera ido o si él hubiera sido más valiente para seguir a nuestro lado. Y todo porque se nos quedó un beso asomado en los labios que no tiene intenciones de morirse nunca. A veces, creemos en la superación de estos fenómenos espectrales porque se ausentan prolongadamente hasta que el destino decide, sin permiso alguno, por supuesto, devolver a estas personas a nuestra vidas, en el ámbito laboral, social, geográfico o vaya usted a saber qué caprichosa serendipia. Entonces lo que era claro se torna duda, lo evidente turbio y lo correcto interpretable… la rutina emoción, lo maduro pueril, lo lógico salvaje. Pero solo las mentes claras de amores honestos dilucidan el disfraz de la querencia popular a creer que cualquier tiempo pasado fue mejor o como decía Serrat “… no hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo perdí…”

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