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LA TRINCHERA

Ayer me llegó un pequeño vídeo que me dejó muy tocado. El vídeo duraba apenas unos segundos. Estaba grabado desde una pequeña trinchera en el norte de Ucrania. No era una de esas trincheras de las películas de Oliver Stone, en las que los soldados van de un lado a otro medio encorvados para no ser blanco fácil al enemigo. No, era un agujero en medio de un terreno boscoso, de un metro cúbico, no más. La tierra húmeda, los bordes verdes, el cielo celeste. En él se hallaba inmerso un único hombre, grabando sin enfocarse y manteniendo silencio. Se oían truenos alrededor, a pesar del cielo despejado. Cada diez o quince segundos se manifestaba un susurro oscuro, como un gruñido silbante emitido con la voz grave de la muerte, que desembocaba en un golpe seco sobre la tierra. Un golpe brutal como si un titán acabara de desplomarse en mitad del campo de batalla. El hoyo se estremecía con violencia como un seísmo de magnitud infernal. La imagen tiritaba descontrolada. El miedo lo invadía todo. ...

PRIPYAT



Eres libre. Tú aún no quieres creértelo, pero debes saber que eres libre. Puedes hacer lo que te plazca, siempre. Pero haz de asumir las consecuencias de ejercer tu libertad, y no caer en la comodidad de ponerle condiciones. Puedes dejar el trabajo cuando quieras, no te mientas, no es verdad que te sea imposible. Pero deberás asumir la pérdida del salario, entre otras cosas. Puedes largarte cuando quieras, hoy mismo, pero despídete de tus hijos, de tu familia y amigos y asume la incuria. Ningún abandono, ningún encierro, ninguna huida es eterna, ni incurable. Si te digo “Pripyat”, tal vez no sepas a qué me refiero. Pero si te digo que en Pripyat está la central nuclear de Chernobyl, ya sabes de qué te hablo. Pripyat tenía cincuenta mil habitantes y fue desalojada por el ejército ruso en poco más de tres horas. Lo tuyo no fue peor, ni tan rápido. Desde entonces Pripyat sigue cerrada. Te recuerdo que esto ocurrió el 26 de abril de 1986. Todo permanece tal y como se dejó entonces, casi treinta años después. La ciudad se quedó paralizada. Las aulas no reciben a nadie. Las carreteras no se transitan. Las puertas no se abren. La noria del parque de atracciones no ha vuelto a girar. La ciudad está muerta, envenenada. O eso creían. Una enorme valla metálica protege todo el perímetro de la ciudad y un ingente número de militares la vigila. Pero dentro de ella ha brotado la vida. Nada ha podido frenar que las plantas y los árboles hayan invadido la ciudad de lado a lado. Ahora las ramas de los árboles se cuelan por las ventanas de la escuela. Las hojas verdes se desplazan por la calzada a lomos del viento. La hierba cubre la estación de autobuses. Las enredaderas se suben a los autos de choque y el musgo se balancea en la vieja y oxidada noria del maldito parque de atracciones. Se calcula que se tardarán aún cientos de años en volver a vivir normalmente en Pripyat, la ciudad abandonada. Pero tú no, tu puedes salir de tu agujero cuando quieras porque eres libre, absolutamente libre. Aunque deberás asumir las consecuencias.

Comentarios

Contacto Habitissimo ha dicho que…
Muchas gracias!!!
es Divino el blog y cada publicacion!!!
Soy fans de este blog, siempre lo leo!
Felicitaciones!!!
abrazo

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