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LA TRINCHERA

Ayer me llegó un pequeño vídeo que me dejó muy tocado. El vídeo duraba apenas unos segundos. Estaba grabado desde una pequeña trinchera en el norte de Ucrania. No era una de esas trincheras de las películas de Oliver Stone, en las que los soldados van de un lado a otro medio encorvados para no ser blanco fácil al enemigo. No, era un agujero en medio de un terreno boscoso, de un metro cúbico, no más. La tierra húmeda, los bordes verdes, el cielo celeste. En él se hallaba inmerso un único hombre, grabando sin enfocarse y manteniendo silencio. Se oían truenos alrededor, a pesar del cielo despejado. Cada diez o quince segundos se manifestaba un susurro oscuro, como un gruñido silbante emitido con la voz grave de la muerte, que desembocaba en un golpe seco sobre la tierra. Un golpe brutal como si un titán acabara de desplomarse en mitad del campo de batalla. El hoyo se estremecía con violencia como un seísmo de magnitud infernal. La imagen tiritaba descontrolada. El miedo lo invadía todo. ...

MANHATTANHENGE


El ser humano tiene, entre otras muchas cualidades, la de sorprender y sorprenderse con una facilidad pasmosa. Tal vez se deba a que establece una realidad en su cabeza, que adjudica universal. Tal vez sea verdad que vive, como decía Platón, en la caverna donde solo se reflejan sombras que proceden del mundo real. El caso es que es fascinante lo humilde que nos hace el sentido de la sorpresa. Cualquier amigo puede dejarte de piedra con un comentario o crítica descerebrada o con un elogio desmesurado, cualquier ser diminuto puede dejarte fascinado con un gesto impredecible o un ataque voraz. En Manhattan, la ciudad de los rascacielos, en el corazón de La Gran Manzana, se produce (un par de veces) cada año un fenómeno impresionante. El sol se alinea con las calles para ofrecer un espectáculo tan sumamente bello que el mundo parece detenerse. El neoyorquino de marras para su coche en mitad de la vorágine de un tráfico desorbitado, se baja del vehículo y se queda pasmado mirando al sol. Así es, toda la ciudad alucina con este inmenso show de la naturaleza. El mérito, evidentemente, no es del sol, que hace eso todo los días, en realidad. El verdadero valor es que el ser humano, que ya ha pisado la luna, que es capaz de inventar un colisionador de hadrones para desafiar al tiempo, que ha puesto a volar construcciones de toneladas de metal, que ha provocado mil y un inventos increíbles… ese hombre aún se sorprende por una puesta de sol. ¡Qué grande somos! Ojalá conserve toda mi vida la capacidad de sorprenderme, y si no, ya habrá alguien capaz de hacerlo por mí. Seguro.

Comentarios

Micaela ha dicho que…
Muy hermosa la fotografía. Ojalá el ser humano encuentre siempre esos momentos de asombro ante el espectáculo de la naturaleza o de las cosas más sencillas. Un abrazo
Jesus Dominguez ha dicho que…
Gracias, Micaela.
Seguro que sí. Si a estas alturas aún no ha perdido la capacidad de sorprenderse...
Un abrazo.
Agen Slimming Capsule ha dicho que…
hay un millón de maneras de lograr un sueño, si no de una manera y luego todavía hay otras maneras de 999.999 que debe probar.
Que hermoso Jesus!!!
Me encato este post
Debo felicitarte por las publicaciones que nos traes a diario, Te sigo!!!
besos
Aliexpress contacto ha dicho que…
Me encanta el blog!
Felicitaciones por cada publicacion!!
Es genial ser parte!
besos

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