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LA TRINCHERA

Ayer me llegó un pequeño vídeo que me dejó muy tocado. El vídeo duraba apenas unos segundos. Estaba grabado desde una pequeña trinchera en el norte de Ucrania. No era una de esas trincheras de las películas de Oliver Stone, en las que los soldados van de un lado a otro medio encorvados para no ser blanco fácil al enemigo. No, era un agujero en medio de un terreno boscoso, de un metro cúbico, no más. La tierra húmeda, los bordes verdes, el cielo celeste. En él se hallaba inmerso un único hombre, grabando sin enfocarse y manteniendo silencio. Se oían truenos alrededor, a pesar del cielo despejado. Cada diez o quince segundos se manifestaba un susurro oscuro, como un gruñido silbante emitido con la voz grave de la muerte, que desembocaba en un golpe seco sobre la tierra. Un golpe brutal como si un titán acabara de desplomarse en mitad del campo de batalla. El hoyo se estremecía con violencia como un seísmo de magnitud infernal. La imagen tiritaba descontrolada. El miedo lo invadía todo. ...

NAVEGAR


Ha llegado el momento de apagar el motor, izar las velas y dejarse llevar. Dejar que las olas balanceen la nave y la gobiernen, disfrutar de la noche, la luz de la luna, la brisa que porta la esencia del mar. El viento resopla que quiere guiarte, llevarte muy lejos, hacerte bailar, enseñarte mundos que parecen nuevos, islas desconocidas, paraísos soñados, pero ha llegado el momento, decía, de tumbarse en la cubierta mirando al cielo, contemplar las estrellas, echarse a morir.
No se puede parar el tiempo, afortunadamente diría yo, pero sí que puedes cerrar los ojos, respirar profundo, recordar el tiempo pasado, sonreír por ello, degustar el instante presente, babear, vislumbrar el futuro, llorar de emoción.
Todo ello es posible, a pesar de la órbita de La Tierra, de la gravedad y los equinoccios, del carbono 14 y las brújulas. Las orillas siempre esperan, las que merecen la pena sí. Los piratas existen, y las gaviotas. El sol no es de nadie y, sin embargo, se te entrega cada día. Navegar es vivir, de cualquier manera, con rumbo fijo o luchando con la tormenta, a la deriva o remando a proa. Siguiendo a alguien o remolcado. Incluso atracado en el puerto de algunas pieles sin nombre se puede estar navegando sin saberlo. 
No todo es posible perdido en el océano pero las manos siempre estarán dispuestas a agarrar el timón cuando tú me lo pidas.

Comentarios

Mi nombre es Mucha ha dicho que…
Bonito texto.No navego ando por la tierra.
Un abrazo y feliz dia
Recomenzar ha dicho que…
eres intenso y entre lineas deseable

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