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EL ASEDIO A LOS COLORES

*Pintura obra de Manuel León. Habría que echarse a la calle para denunciar el asedio que están sufriendo los colores. Habría que manifestarse contra el hostigamiento a los mismos. Tal vez esté en ello el mal de todos los males. Tal vez se encuentre inmerso en esta cacería silenciosa el motivo de toda ira. Lo cierto y verdad, como decía mi madre, es que salgo a la calle y los coches grises, blancos y negros dominan el asfalto oscuro. Los jóvenes se disfrazan de blancos puros, de negros tristes, de tonos sepias de películas antiguas. Los armarios sufren la dictadura de la neutralidad más absoluta. Las cocinas no arriesgan a asomarse al balcón de las pupilas excitadas. La naturaleza huye de las ciudades, las primaveras hibernan. El cine ofrece una bola negra y Lorca se retuerce cantando al verde que te quiero verde, al rojo de Bodas de sangre, mientras el amarillo del albero se mancha sobre un traje de luces a las cinco de la tarde. Todo cuanto nos rodea se apaga de alguna manera. Tal ...

NAVEGAR


Ha llegado el momento de apagar el motor, izar las velas y dejarse llevar. Dejar que las olas balanceen la nave y la gobiernen, disfrutar de la noche, la luz de la luna, la brisa que porta la esencia del mar. El viento resopla que quiere guiarte, llevarte muy lejos, hacerte bailar, enseñarte mundos que parecen nuevos, islas desconocidas, paraísos soñados, pero ha llegado el momento, decía, de tumbarse en la cubierta mirando al cielo, contemplar las estrellas, echarse a morir.
No se puede parar el tiempo, afortunadamente diría yo, pero sí que puedes cerrar los ojos, respirar profundo, recordar el tiempo pasado, sonreír por ello, degustar el instante presente, babear, vislumbrar el futuro, llorar de emoción.
Todo ello es posible, a pesar de la órbita de La Tierra, de la gravedad y los equinoccios, del carbono 14 y las brújulas. Las orillas siempre esperan, las que merecen la pena sí. Los piratas existen, y las gaviotas. El sol no es de nadie y, sin embargo, se te entrega cada día. Navegar es vivir, de cualquier manera, con rumbo fijo o luchando con la tormenta, a la deriva o remando a proa. Siguiendo a alguien o remolcado. Incluso atracado en el puerto de algunas pieles sin nombre se puede estar navegando sin saberlo. 
No todo es posible perdido en el océano pero las manos siempre estarán dispuestas a agarrar el timón cuando tú me lo pidas.

Comentarios

Mi nombre es Mucha ha dicho que…
Bonito texto.No navego ando por la tierra.
Un abrazo y feliz dia
Recomenzar ha dicho que…
eres intenso y entre lineas deseable

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