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LA TRINCHERA

Ayer me llegó un pequeño vídeo que me dejó muy tocado. El vídeo duraba apenas unos segundos. Estaba grabado desde una pequeña trinchera en el norte de Ucrania. No era una de esas trincheras de las películas de Oliver Stone, en las que los soldados van de un lado a otro medio encorvados para no ser blanco fácil al enemigo. No, era un agujero en medio de un terreno boscoso, de un metro cúbico, no más. La tierra húmeda, los bordes verdes, el cielo celeste. En él se hallaba inmerso un único hombre, grabando sin enfocarse y manteniendo silencio. Se oían truenos alrededor, a pesar del cielo despejado. Cada diez o quince segundos se manifestaba un susurro oscuro, como un gruñido silbante emitido con la voz grave de la muerte, que desembocaba en un golpe seco sobre la tierra. Un golpe brutal como si un titán acabara de desplomarse en mitad del campo de batalla. El hoyo se estremecía con violencia como un seísmo de magnitud infernal. La imagen tiritaba descontrolada. El miedo lo invadía todo. ...

LA INERCIA

Después de todo lo sucedido se fue a casa, se tiró en la cama y se hundió en el colchón. Lloró, lloró todo cuanto pudo llorar, lloró hasta deshidratar el alma. Se abandonó hasta no sentirse la misma persona. No. No luchó, no se mostró fuerte, no se levantó después de caer. Se rindió. Sí, se rindió y no hizo nada por recuperar su vida. En contra de todas esas frases motivadoras de Facebook, Instagram y Twitter huyó con toda la cobardía que cabe en el corazón de un ser humano. Se fue con una descomunal depresión tiñendo sus ojos, sus labios, su pelo y su ropa. Huyó tan lejos como su precaria economía le permitió. Se despojó de todo aquello que tuvo que ver con cualquier día anterior de su vida. Tomó el único camino que hubo para él y se conformó con lo que le fue asignado. No tomó decisiones. Se dejó llevar por la comodidad de los actos, por lo cándido, lo viable. La suerte, el destino, la inercia o el karma, qué se yo el qué le sonrió. Todo se abrevió en una cuestión temporal, probablemente estadística. Su único mérito, si así puede llamarse, se limitó a mantenerse con vida. El caso es que salió adelante, halló nuevos motivos, sentimientos honestos, luces regias y valor. 

Murió feliz… un día, muchos años después de todo aquello.


Comentarios

tita Mari Paz ha dicho que…
Por desgracia describe la vida de muchos seres humanos que no encuentran, o no buscan, otra salida, que esa inercia descrita a la perfección, para decir, conmigo no puede la inercia, hay que tener mucho coraje, porque lo fácil es dejarse ir. Bravo.... Jesús. Besossss
Cabrónidas ha dicho que…
Al menos murió feliz. Hay quien vacía el frasco de pastillas o recurre a la cuchilla oxidada.

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