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LA TRINCHERA

Ayer me llegó un pequeño vídeo que me dejó muy tocado. El vídeo duraba apenas unos segundos. Estaba grabado desde una pequeña trinchera en el norte de Ucrania. No era una de esas trincheras de las películas de Oliver Stone, en las que los soldados van de un lado a otro medio encorvados para no ser blanco fácil al enemigo. No, era un agujero en medio de un terreno boscoso, de un metro cúbico, no más. La tierra húmeda, los bordes verdes, el cielo celeste. En él se hallaba inmerso un único hombre, grabando sin enfocarse y manteniendo silencio. Se oían truenos alrededor, a pesar del cielo despejado. Cada diez o quince segundos se manifestaba un susurro oscuro, como un gruñido silbante emitido con la voz grave de la muerte, que desembocaba en un golpe seco sobre la tierra. Un golpe brutal como si un titán acabara de desplomarse en mitad del campo de batalla. El hoyo se estremecía con violencia como un seísmo de magnitud infernal. La imagen tiritaba descontrolada. El miedo lo invadía todo. ...

TODOS CONTRA NADIE

Ha llegado el momento de tomar las armas que de verdad son nuestras. Unámonos todos de una vez por todas contra nadie. Apuntemos a aquello que tanto ansiamos perder. Descarguemos nuestras frustraciones en algún abismo olvidado. Bombardeemos juntos ningún lugar para que no muera nadie. Enarbolemos una bandera inexistente que sea de todos nosotros sin excepción. Coloquemos de consenso minas antipersonas tan profundas que ni tiemble la tierra. Tú, que tienes la voz deseada, cántanos el himno aquel que no sonaba a nada bélico ni invitaba a desfilar ante ninguna supuesta autoridad. Hagamos con las manos trincheras para sembrar en ellas cedros aromáticos que nos protejan de los rayos del sol. Quitémonos el uniforme de camuflaje, que quiero verte. Que el orgullo no dispare más que las pulsaciones por estar tan cerca de ti. Sobrevolemos, aleteando los brazos, espacios aéreos prohibidos para divisar el blanco, y que el blanco sea un enorme y tierno muñeco de nieve. Desarmemos esta barbarie inexcusable que está arrebatando infancias y sueños. Ya está bien de tanta inhumanidad. Como dice Drexler: No hay muerto que no me duela No hay un bando ganador No hay nada más que dolor Y otra vida que se vuela …

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