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DYLAN Y LEXIE

(Basado en hechos reales) Dylan Corliss se acurrucaba junto a su novia, Lexie Varga, bajo una marquesina de la cafetería de la avenida principal de Claremont, California. Entre cariñosos besos y confidencias jocosas se resguardaban de la clásica tormenta de verano de aquel agosto de 2015. La hora de llegar a casa se echaba encima y la tormenta no arreciaba. Así que, entre miradas cómplices y risas nerviosas, saltaron a la calzada juntos, cogidos de la mano y gritando festivamente. Los truenos amenazaban, los relámpagos advertían y el agua los embriagaba. El viento los sacudía como si fueran de papel, pero ellos avanzaban contra todos los elementos gritando y riendo sin control, sin soltarse el uno del otro. Apenas en mitad de la avenida, lejos de alcanzar ni pretender refugio alguno, fueron alcanzados por un rayo que impactó directamente sobre la cabeza de él y salió de inmediato por los pies de ella. Los dos cayeron desplomados en el suelo. Cuando llegaron las emergencias hallaron ...

EL POLVO DEL MOBILIARIO

El polvo del mobiliario
Por debajo de mi casa
pasa el metropolitano,
y rompe el sueño diario,
como un despertador titánico,
Se estremecen
los cimientos de este vientre
que engendró nuestro pasado.

Pero hoy es diferente,
cuando subas al vagón
ya no habrá ningún regreso, te habrás ido.

Aquí estoy viendo las pieles
que dejaste en el armario,
disfrazando los muebles
de pájaros nacarados.
Incapaz
de sacudirme tu efigie,
incrustada en el retrato
que abrocha la pared,

el cuerpo se me desliza
en el triste despeñadero
de una triste silla,
como una impecable esfera
por una repisa que cuelga
deprimida.

El viento aprovecha tu huida
de puertas ya expertas por redundancia,
como un carril despejado
por las lúcidas ambulancias.

Y me abriga la pesadumbre
húmeda, lúgubre,

y tu metropolitano
me parece un coche fúnebre.


La memoria me regala besos ya caducados
e imagino que pululan
en un rayito de luz
que apuñala la persiana
y acaricia la cortina
como caña de bambú
transparente e intangible
que llega hasta la cocina.

Así salto por tus recuerdos
como famélica y desahuciada
taquicárdica perdiz perdida,
que atraviesa el amarillo
árido campo de minas.

Pero no salgo a buscarte
ni fotos,
ni luz,
ni guerra.

Pero no salgo a buscarte,
¡maldita sea!

Y me quedo en mi nostalgia pretendida
de poeta apesadumbrado
con la mirada perdida.
-Pasa el metropolitano-
Y yo me quedo sentado
viendo como se agita
el polvo del mobiliario.

Comentarios

Marta ha dicho que…
Que bonito y que triste!!! Espero que se te pase pronto. Mientras, si te sirve, te mando un abrazo, ¿puedo?
Jesus Dominguez ha dicho que…
Abrazo recibido. Gracias, me ha sentado estupendamente.

Un abrazo para ti, Marta.
Mª Rosa Rodríguez Palomar ha dicho que…
He llegado aqui gracias al blog "Embriagarse de poesía" y realmente me he embriagado con tus letras, me alegra conocer otro blogger poeta, hilvanador de palabras hermosas. Pasaré de vez en cuando para leer más y despacio. Saludos
Fernando Nerú ha dicho que…
Hoy revisto mis palmas de laureles, para arrojarlas con emocion a este diafano espacio poetico que me ha cautivado.

Felicitaciones estimado Jesús.

Atte. Fernando Nerú.

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