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LA TRINCHERA

Ayer me llegó un pequeño vídeo que me dejó muy tocado. El vídeo duraba apenas unos segundos. Estaba grabado desde una pequeña trinchera en el norte de Ucrania. No era una de esas trincheras de las películas de Oliver Stone, en las que los soldados van de un lado a otro medio encorvados para no ser blanco fácil al enemigo. No, era un agujero en medio de un terreno boscoso, de un metro cúbico, no más. La tierra húmeda, los bordes verdes, el cielo celeste. En él se hallaba inmerso un único hombre, grabando sin enfocarse y manteniendo silencio. Se oían truenos alrededor, a pesar del cielo despejado. Cada diez o quince segundos se manifestaba un susurro oscuro, como un gruñido silbante emitido con la voz grave de la muerte, que desembocaba en un golpe seco sobre la tierra. Un golpe brutal como si un titán acabara de desplomarse en mitad del campo de batalla. El hoyo se estremecía con violencia como un seísmo de magnitud infernal. La imagen tiritaba descontrolada. El miedo lo invadía todo. ...

EL POLVO DEL MOBILIARIO

El polvo del mobiliario
Por debajo de mi casa
pasa el metropolitano,
y rompe el sueño diario,
como un despertador titánico,
Se estremecen
los cimientos de este vientre
que engendró nuestro pasado.

Pero hoy es diferente,
cuando subas al vagón
ya no habrá ningún regreso, te habrás ido.

Aquí estoy viendo las pieles
que dejaste en el armario,
disfrazando los muebles
de pájaros nacarados.
Incapaz
de sacudirme tu efigie,
incrustada en el retrato
que abrocha la pared,

el cuerpo se me desliza
en el triste despeñadero
de una triste silla,
como una impecable esfera
por una repisa que cuelga
deprimida.

El viento aprovecha tu huida
de puertas ya expertas por redundancia,
como un carril despejado
por las lúcidas ambulancias.

Y me abriga la pesadumbre
húmeda, lúgubre,

y tu metropolitano
me parece un coche fúnebre.


La memoria me regala besos ya caducados
e imagino que pululan
en un rayito de luz
que apuñala la persiana
y acaricia la cortina
como caña de bambú
transparente e intangible
que llega hasta la cocina.

Así salto por tus recuerdos
como famélica y desahuciada
taquicárdica perdiz perdida,
que atraviesa el amarillo
árido campo de minas.

Pero no salgo a buscarte
ni fotos,
ni luz,
ni guerra.

Pero no salgo a buscarte,
¡maldita sea!

Y me quedo en mi nostalgia pretendida
de poeta apesadumbrado
con la mirada perdida.
-Pasa el metropolitano-
Y yo me quedo sentado
viendo como se agita
el polvo del mobiliario.

Comentarios

Marta ha dicho que…
Que bonito y que triste!!! Espero que se te pase pronto. Mientras, si te sirve, te mando un abrazo, ¿puedo?
Jesus Dominguez ha dicho que…
Abrazo recibido. Gracias, me ha sentado estupendamente.

Un abrazo para ti, Marta.
Mª Rosa Rodríguez Palomar ha dicho que…
He llegado aqui gracias al blog "Embriagarse de poesía" y realmente me he embriagado con tus letras, me alegra conocer otro blogger poeta, hilvanador de palabras hermosas. Pasaré de vez en cuando para leer más y despacio. Saludos
Fernando Nerú ha dicho que…
Hoy revisto mis palmas de laureles, para arrojarlas con emocion a este diafano espacio poetico que me ha cautivado.

Felicitaciones estimado Jesús.

Atte. Fernando Nerú.

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