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LA TRINCHERA

Ayer me llegó un pequeño vídeo que me dejó muy tocado. El vídeo duraba apenas unos segundos. Estaba grabado desde una pequeña trinchera en el norte de Ucrania. No era una de esas trincheras de las películas de Oliver Stone, en las que los soldados van de un lado a otro medio encorvados para no ser blanco fácil al enemigo. No, era un agujero en medio de un terreno boscoso, de un metro cúbico, no más. La tierra húmeda, los bordes verdes, el cielo celeste. En él se hallaba inmerso un único hombre, grabando sin enfocarse y manteniendo silencio. Se oían truenos alrededor, a pesar del cielo despejado. Cada diez o quince segundos se manifestaba un susurro oscuro, como un gruñido silbante emitido con la voz grave de la muerte, que desembocaba en un golpe seco sobre la tierra. Un golpe brutal como si un titán acabara de desplomarse en mitad del campo de batalla. El hoyo se estremecía con violencia como un seísmo de magnitud infernal. La imagen tiritaba descontrolada. El miedo lo invadía todo. ...

LA VULNERABILIDAD


Recuerdo que hace unos años estuve de visita en un zoológico de la provincia. El paseo entre aquellas criaturas cuyo hábitat natural me es tan ajeno me resultó muy estimulante. Hubo momentos para todo: risas, reflexiones, sobresaltos, lamentos, diálogos, sorpresas. Recuerdo, especialmente, el momento aquel en el que nos acercamos a ver al Rey de la selva. Pónganse en situación. Hacía calor, no mucha, calor de Mayo. Un león y una leona descansan en mitad de un espacio cerrado de no más de mil metros cuadrados. Entre ellos y nosotros distaban unos cincuenta metros, una cubierta de metacrilato blindado, dos metros más, un foso, una reja de cuatro metros de altura, dos metros más y una vaya de apoyo. En definitiva, riesgo cero. Pues bien, en esas circunstancias nos quedamos observando y, entonces, algo que hacemos, no sé, un gesto, un ruido tal vez, provoca que el león alce levemente la testa y nos mire directamente. En ese momento que duró un par de segundos, sentí que aquel enorme felino era capaz de recorrer el espacio, derribar el metacrilato, saltar el foso, trepar por la reja y devorarnos en un segundo. Nunca olvidaré aquella mirada que me hizo sentir tan vulnerable.
Sé que de pequeño te dijeron muchas veces aquello de que tienes que ser fuerte. Sé que te habrán advertido que no resulta conveniente mostrar tus debilidades. Sé que llevas el orgullo grabado en la frente, que estás convencido de que hay que resistirse y mostrarse firme. Sé que sabes que lo tuyo es ser valiente. Pero te digo una cosa: Ojalá un día alguien llegue a tu vida haciéndote sentir vulnerable. El metacrilato, el foso, la reja y el espacio serán ya cosa tuya. Pero ya te digo yo, que eso no te librará de esa sensación tan maravillosa de ver tu vida en peligro en los ojos de otra criatura… un león, una mujer, un niño…


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