Honoré de Balzac

El genial naturalista alemán del siglo XIX, Von Humboldt, sentía una profunda fascinación por el fenómeno de la locura, de modo que en una ocasión en que viajaba a París le rogó a su amigo el doctor Blanche, que era psiquiatra, que le organizara una cena con un loco.
El médico aceptó encantado y, cuando llegó el momento de la reunión avisó a su invitado:
- Comerá también con nosotros un invitado muy especial.
Comenzó la cena. Aparte de Blanche y Von Humboldt había otros dos comensales. Uno de ellos era un caballero impecablemente vestido con traje negro y corbata blanca. De mediana edad, era extremadamente silencioso, comía con mucha educación y hacía ademán de brindar cada vez que se llevaba la copa a los labios. El otro tenía un aspecto desaliñado, iba mal peinado y no hacía más que hablar, contando un sinfín de anécdotas mientras se llevaba atropelladamente la comida a la boca.
En un momento en que Blanche y Von Humboldt se habían levantado de la mesa, el naturalista francés le comentó al psiquiatra que estaba fascinado con el comportamiento anormal de aquel loco que hablaba tanto e inventaba tantas historias inverosímiles.
- ¡Pero hombre de Dios, qué dice usted! Ese señor es el famoso escritor Honoré de Balzac; el loco es el otro, el que no habla.
Entre las anécdotas que contó en aquella cena el autor de La comedia humana se encontraba la siguiente:
En una ocasión, un escritor aficionado se acercó a Balzac para pedirle que le ayudara a encontrar un título apropiado para su último libro.
- Veamos, ¿hay algún tambor en su obra?
- Pues… no – contestó, extrañado, el aspirante a escritor-.
- ¿Y trompetas?
- Tampoco.
- Pues no sé qué dificultad tiene usted, porque el asunto está muy claro. El libro debe titularse Sin tambores ni trompetas.
¡Quién pudiera tomarse un cafelito con el señor Balzac!
El médico aceptó encantado y, cuando llegó el momento de la reunión avisó a su invitado:
- Comerá también con nosotros un invitado muy especial.
Comenzó la cena. Aparte de Blanche y Von Humboldt había otros dos comensales. Uno de ellos era un caballero impecablemente vestido con traje negro y corbata blanca. De mediana edad, era extremadamente silencioso, comía con mucha educación y hacía ademán de brindar cada vez que se llevaba la copa a los labios. El otro tenía un aspecto desaliñado, iba mal peinado y no hacía más que hablar, contando un sinfín de anécdotas mientras se llevaba atropelladamente la comida a la boca.
En un momento en que Blanche y Von Humboldt se habían levantado de la mesa, el naturalista francés le comentó al psiquiatra que estaba fascinado con el comportamiento anormal de aquel loco que hablaba tanto e inventaba tantas historias inverosímiles.
- ¡Pero hombre de Dios, qué dice usted! Ese señor es el famoso escritor Honoré de Balzac; el loco es el otro, el que no habla.
Entre las anécdotas que contó en aquella cena el autor de La comedia humana se encontraba la siguiente:
En una ocasión, un escritor aficionado se acercó a Balzac para pedirle que le ayudara a encontrar un título apropiado para su último libro.
- Veamos, ¿hay algún tambor en su obra?
- Pues… no – contestó, extrañado, el aspirante a escritor-.
- ¿Y trompetas?
- Tampoco.
- Pues no sé qué dificultad tiene usted, porque el asunto está muy claro. El libro debe titularse Sin tambores ni trompetas.
¡Quién pudiera tomarse un cafelito con el señor Balzac!
Comentarios
Gracias, compañero. Tú siempre ahí, tío. Eres grande.
un abrazo primo.
No querrás que al final el loco sea yo, no? Es acaso malo estar loco? Me encanta que la gente brinde por cualquier cosa, lo malo, y eso sí es falta de cordura, es dejar pasar el tiempo sin celebrar tantos momentos.
-Er Manué-